Juan Carlos Díaz Lorenzo

Se cumplen hoy 66 años del comienzo de la erupción del volcán de San Juan, acontecida entre los meses de junio y julio de 1949 en la cumbre dorsal de la isla de La Palma. Fue la más importante de las tres registradas en Canarias en el siglo XX, con una duración de 38 días. Precedida por una serie de movimientos sísmicos, en la mañana de San Juan –de ahí el hagiónimo empleado para su denominación– comenzó la fase explosiva de carácter estromboliano en la Cumbre Vieja.

En la madrugada del 8 de julio se produjo la salida de la lava, por una fisura abierta en el Llano del Banco, que descendió con gran rapidez favorecida por la pendiente, amenazando desde las primeras horas al barrio de Las Manchas, en el que causó daños diversos. A primera hora de la tarde cortó la carretera general del sur y dejó incomunicado el valle de Aridane con la capital palmera y el 10 de julio alcanzó el mar por Las Hoyas, con un frente considerable.

La erupción del volcán de San Juan fue la primera del siglo XX en La Palma

El último día de la erupción se produjo una reactivación en el cráter de Hoyo Negro, que provocó un vertido de lava líquida que discurrió a gran velocidad por la vertiente oriental de la isla, en territorio del municipio de Mazo, solidificándose antes de alcanzar el mar. En la actualidad, el cauce seguido se le conoce como el barranco de la Lava. Cuando se produjo el corte de la carretera general, el pueblo de Fuencaliente quedó incomunicado por tierra durante varios días. Veintidós años más tarde se produjo la erupción del volcán Teneguía.

Desde hace unos años, la Ruta de los Volcanes es uno de los principales atractivos del senderismo en la isla de La Palma. Es una experiencia fantástica, que nos pone en contacto directo con los principales protagonistas del volcanismo histórico ocurrido en la isla. Después del ascenso al Pico Birigoyo, el recorrido permite apreciar la magnitud de la erupción de 1949, testimoniado en los cráteres de El Duraznero, Hoyo Negro y Nambroque. La panorámica en el descenso hacia Fuencaliente, antes de entrar en el pinar, es realmente espectacular y única.

Foto: Fernando Rodríguez Sánchez

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En estos días, el Cabildo Insular de Tenerife ha divulgado la noticia de que el Instituto Volcanológico de Canarias (INVOLCAN) ha confirmado que la crisis sismo-volcánica de Tenerife ocurrida en 2004 estuvo precedida por una inyección de fluidos magmáticos en el sistema volcánico-hidrotermal que alimenta el proceso de desgasificación que se produce en el cráter del Teide a través de sus fumarolas, así como de aquellas emanaciones de gases volcánicos que ocurren en el interior del cráter de forma no visible, dispersa y silenciosa (emanaciones difusas).

El análisis de los datos científicos correspondientes a 15 campañas científicas de observación de emisión difusa de dióxido de carbono (CO2) realizadas en el cráter de El Teide, así como los análisis sobre la composición química e isotópica de los fluidos emitidos por las fumarolas de El Teide desde 1991 hasta 2010 confirman esta hipótesis, que ya había sido formulada por los científicos del ITER en marzo de 2004, un mes antes del inicio de la crisis sísmica de Tenerife.

Vista aérea del cráter del volcán Teide

Los resultados y las conclusiones de este trabajo han sido recientemente divulgados por la revista “Bulletin of Volcanology” la publicación científica oficial de la Asociación Internacional de Volcanología y Química del Interior de la Tierra (IAVCEI).

Por lo que se ha informado, “un pulso significativo de emisión difusa de dióxido de carbono (CO2) en el cráter del Teide fue registrado a mediados del 2001 mientras que en diciembre de 2003 se empezó a observar un cambio significativo en la composición química de las fumarolas del Teide con incrementos en las concentraciones de monóxido de carbono (CO) y ácido clorhídrico (HCl) así como la detección de concentraciones cuantificables de dióxido de azufre (SO2) en los gases emitidos por las fumarolas que anteriormente no se podían cuantificar”.

“Estos cambios en el quimismo de las fumarolas –prosigue- se vieron acompañados por un descenso en las concentraciones de sulfuro de hidrógeno (H2S) y metano (CH4) así como en la relación gas/vapor de agua. Pocos meses después del descenso de la actividad sísmica en el interior de Tenerife, las concentraciones de dióxido de azufre (SO2), de monóxido de carbono (CO) y ácido clorhídrico (HCl) experimentaron un fuerte descenso, mientras que el metano (CH4) y las relaciones gas/vapor de agua reflejaron un incremento en sus valores”.

Estos resultados reflejan la importancia “de la monitorización de la composición química e isotópica de los gases volcánicos así como sus tasas de emisión dado que fluctuaciones significativas de estos parámetros contribuyen a la detección de señales de alerta temprana sobre cambios de actividad en sistemas volcánicos como así ha ocurrido con la crisis sismo-volcánica de Tenerife en 2004”.

En el trabajo científico del INVOLCAN se refleja también que de acuerdo con las tendencias observadas tanto en los parámetros geoquímicos como en las señales sísmicas durante los últimos años del periodo de observación investigado, la probabilidad de un proceso de reactivación del volcán Teide se considera bajo.

Foto: Cabildo Insular de Tenerife

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Desde hace unos días el volcán del Mar de las Calmas, en El Hierro, vuelve a ser noticia. Para quienes creían que la erupción había tocado a su fin, ha sido una sorpresa. Las imágenes difundidas ayer por el Instituto Volcanológico de Canarias (INVOLCAN), después de un vuelo de reconocimiento a bordo de un helicóptero de la Guardia Civil, muestran su esplendor submarino.

Con una buena dosis de abstracción y mediano conocimiento del asunto, nos podemos hacer una idea de lo que acontece a unos 180 metros de profundidad, aproximadamente, teniendo presentes en la memoria las imágenes imperecederas de la erupción del volcán Teneguía, hace cuarenta años.

En el citado vuelo de reconocimiento, los técnicos han detectado la presencia de globos de lava de gran tamaño, insuflados en su interior de gases volcánicos, con unas temperaturas de 85,5 grados centígrados. Se han determinado diferencias de temperatura en el agua de 4,9 grados centígrados, según los datos aportados por el ITER, que emplearon para ello cámaras térmicas. El rango de valores observados para esta diferencia de temperaturas reflejadas ha sido de 1,5 grados centígrados a 9,1.

Espectacular imagen de la burbuja volcánica en plena actividad

Se ha informado, asimismo, que en el vuelo del siete de enero participó el catedrático del Instituto Tecnológico de Tokio, en Japón, Kenji Nogami, máximo asesor científico del Gobierno Japonés sobre erupciones volcánicas submarinas y, que sepamos, uno de los pocos científicos internacionales que se han desplazado hasta El Hierro.

Según informa Actualidad Volcánica de Canarias (AVCAM) en su página de facebook, “el tremor ha bajado paulatinamente desde el mediodía, con micro sismicidad, luego se ha inestabilizado y ha terminado por hacer una disminución abrupta, y poco después se nota micro sismicidad a partir de las 16:20h en el sensor de CHIE, pudiendo indicar un posible taponamiento y represurización del conducto de magma”.

Uno de los piroclastos humeante e inflado de gases volcánicos

“La pregunta es ¿donde se está produciendo es esa micro sismicidad? ¿donde está el atasco?, seguramente hay varios a lo largo de todo el conducto, desde el norte hasta la zona de salida en la zona eruptiva actual junto a la Restinga, de ahí la posible explicación a los temblores, ruidos y taponamientos de oídos que se notan en el norte de la Isla”.

“Y otra cosa, si está mucho tiempo presurizado el conducto, ir buscando nuevas salidas, ya que tiene energía para seguir ganando altura y rompiendo la roca. La siguiente zona a romper o candidata para una nueva boca seria en mi opinión personal, la zona de Orchilla por donde pasa el conducto de magma. Veremos qué ocurre”.

Las imágenes captadas son realmente espectaculares

Se aprecian diversas tonalidades en círculos concéntricos

Fotos: INVOLCAN

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El Cabildo Insular de El Hierro ha confirmado a la emisora Canarias Radio la Autonómica que se ha producido una erupción volcánica a 1.200 metros de profundidad y a 7 kilómetros de la costa del sur de El Hierro. El último seísmo que se registró a las 10:43 h y a partir de ahí, los expertos han confirmado un cambio brusco del proceso sísmico y se ha paralizado momentáneamente la actividad.

En una noticia de alcance, la edición digital de Canarias 7 informa de que “cuatro barcos han alertado a las autoridades marítimas de la existencia de actividad volcánica cuatro millas al sur de La Restinga (El Hierro) y a unos 500 metros de profundidad”.

Se confirma una erupción submarina al sur de El Hierro

La Agencia Efe dice en un despacho que “los últimos datos recogidos por las estaciones del Instituto Geológico Nacional en la isla de El Hierro sugieren que hay una erupción submarina en marcha a unos 2.000 metros de profundidad, en el mar de Las Calmas, según fuentes del equipo del CSIC en la isla”. De esta noticia se han hecho eco todos los medios regionales.

La edición digital de La Provincia informa: “La radio costera ha alertado a los barcos sobre una posible erupción submarina a 500 metros de profundidad cuatro millas al sur de La Restinga. Los científicos sobrevuelan la zona con helicópteros para verificar que se ha producido dicha erupción.  Por el momento la radio costera ha pedido a los barcos que se alejen de la zona, para que no interfieran en las labores de verificación de los equipos científicos”.

ACN Press recoge unas declaraciones del vulcanólogo Juan Carlos Carracedo en las que acaba de asegurar en una entrevista concedida a 7.7 Radio que en El Hierro está teniendo lugar “una erupción en el mar a 500 metros de profundidad, y a cuatro millas de distancia de La Restinga”. Para el vulcanólogo este es “el mejor escenario posible desde el punto de vista de la población herreña” y su seguridad.

Foto: NASA

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Hasta el momento de publicar este artículo, los medios informativos de Canarias informan en sus ediciones digitales, citando despachos de las agencias Efe y Europa Press, la noticia de que en la isla de El Hierro se han producido hoy 14 seísmos de magnitud entre 1,6 y 3,5 grados, siendo éste registrado a las 10,32 horas. Se suman, así, a los más de ocho mil movimientos detectados desde el 17 de julio por el Instituto Geográfico Nacional (IGN).

Se dice con claridad que estos movimientos sísmicos pueden ser precursores de una erupción volcánica, la cual, caso de producirse, según los científicos, “sería de muy baja explosividad y con una incidencia espacial pequeña” y la equiparan similar a la del volcán Teneguía, ocurrido en octubre de 1971 en Fuencaliente de La Palma.

El vulcanólogo José Luis Barrera, vicepresidente del Colegio de Geólogos, dijo que “en El Hierro no se conocía una crisis de terremotos tan grande como ésta desde 1793. Se cree que entonces, tras una crisis sísmica que sintió la población, hubo una erupción al oeste porque se recogieron restos de lava reciente, pero la gente no vio el volcán”.

Localización de los movimientos sísmicos producidos en El Hierro

“La magnitud de los seísmos crece, pero también aumenta la profundidad. Empezaron a una profundidad entre 9 y 13 kilómetros y ahora están entre 12 y 15. Eso es sorprendente porque antes de una erupción volcánica los terremotos ascienden”

“Los seísmos se están dando en un pasillo norte-sur que coincide con erupciones volcánicas previas. ¿Se está reactivando una gran fisura eruptiva? Parece que es así, pero no lo sabemos. Crisis sísmicas como esta las hay en el mundo con frecuencia. El 90% se quedan en nada, pero puede ser. En 2004 en Tenerife hubo una crisis similar”.

José Luis Barrera insiste en que en caso de erupción volcánica hay tiempo para prepararse: “Se ha visto que la roca se está rompiendo, pero no que suba el magma. Al contrario que los terremotos, las erupciones avisan, siempre hay datos claramente preeruptivos. Aquí no se están dando, al menos de manera evidente”.

No hay muchos precedentes conocidos porque la serie de medición sísmica en Canarias tiene solo unas décadas: “Cuando el Teneguía entró en erupción, en 1971, no estaba desplegada la red sísmica allí y el aviso lo dio una base de Estados Unidos en La Palma”. Y concluye diciendo que “hay que estar vigilantes pero no alarmar a la población”.

El Hierro es la isla geológica más joven de Canarias

Las autoridades políticas y científicas están desde hace algún tiempo en alerta ante la evolución de los acontecimientos. Protección Civil, Gobierno de Canarias y el Cabildo de El Hierro están informando a la población de cómo realizar una evacuación en caso de que se produjera una hipotética erupción volcánica. Si así fuera, existe un plan de emergencia en el que AENA y la Autoridad Portuaria están avisados ya que afectaría a los aeropuertos y al tráfico marítimo.

La situación en El Hierro es nueva para sus habitantes, pese a que Canarias es la zona activa con mayor riesgo de vulcanismo en España. Desde el 17 de julio, el IGN ha detectado movimientos sísmicos con epicentros localizados al norte y al sur de la dorsal noroeste de la isla y en profundidades que oscilan entre 10 y 14 kilómetros.

El catedrático de vulcanología de la Universidad Complutense, Eumenio Ancochea, señaló que una eventual erupción volcánica en el Hierro podría provocar que “la isla se llene de turistas interesados en estos fenómenos”. La probabilidad de que se produzca “es de cerca del 10 % y el riesgo para la población es mínimo ya que el tiempo de reacción es muy amplio. Es normal que la gente esté asustada, pero la realidad es que no hay ningún peligro”.

Imágenes: Instituto Geográfico Nacional y GRAFCAN

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Desde mediados del pasado mes de julio se viene registrando un número muy elevado de sismos de baja intensidad y otros más notables en la isla de El Hierro. Hasta el momento se contabilizan más de 7.500 movimientos, cuyo origen, según apuntan los científicos, puede ser la existencia de una bolsa de magma fresco localizada a unos 12 kilómetros de profundidad.

De tal “enjambre sísmico”, un porcentaje muy elevado no han sido perceptibles para la población de la Isla del Meridiano, que sin embargo sabe de su existencia por las informaciones publicadas en la página web del Instituto Geográfico Nacional (IGN), en los foros científicos y en los medios de comunicación.

La detección de esta sucesión de sismos ha puesto en alerta a la comunidad científica y desde entonces técnicos del Instituto Volcanológico de Canarias (INVOLCAN) y del IGN han ubicado instrumentación precisa para saber mejor qué es lo que está sucediendo. Para ello se trabaja en tres direcciones: la deformación del terreno a través de una red de estaciones GPS, la actividad sísmica con los sismógrafos y los gases volcánicos detectados mediante estaciones geoquímicas.

Localización del "enjambre sísmico" en la isla de El Hierro

Hasta el momento se han registrado datos anómalos en el “enjambre sísmico” y la deformación del terreno, pues los magmas relacionados con la isla de El Hierro se generan a una profundidad entre 16 y 29 kilómetros, mientras que la actividad anómala de movimientos de magma en la parte inferior de la corteza oceánica se localiza entre 10 y 12 kilómetros de profundidad.

Es posible que sea el indicio de una futura erupción volcánica o pueda estar relacionado con los movimientos tectónicos locales. Hay momentos en los que la actividad se vuelve más difusa, lo que indica una mayor componente tectónica y menos magmática, de ahí que, pese al elevado número de sismos, dicen los entendidos que se trata de un “proceso normal” en una zona volcánica activa, como es el Archipiélago Canario.

Los científicos hablan en estos momentos de una erupción poco probable, pero, obviamente, no es imposible. Lo cierto es que la intensidad de algunos movimientos ha ido subiendo y el viernes 23 de septiembre se produjo un sismo de magnitud 3 y con epicentro en el suroeste de la isla.

Panorámica del valle de El Golfo, municipio de Frontera

Se estima que a dicha profundidad se está produciendo un “proceso de ignición de roca fundida” y el movimiento de magma provoca sobrepresión sobre las rocas que lo encajan, lo cual rompe la bolsa y genera tal sismicidad, según opinión de Joan Martí, geólogo del CSIC y secretario general de la Asociación Internacional de Vulcanología.

A pesar de que aún no existe un peligro real de una erupción volcánica –y en ello coinciden dos científicos antagónicos, Juan Carlos Carracedo y Nemesio Pérez-, el Gobierno de Canarias cambió hoy de verde a amarillo el semáforo que se incluye en el plan de protección ante este tipo de circunstancias, a tenor de las variaciones sismo-volcánicas que se están produciendo principalmente en el valle de El Golfo, formado por un espectacular deslizamiento gravitacional. Es decir, El Hierro en alerta, lo que no quiere decir alarma.

Epicentros de gravedad de los sismos ponderándolos en función de la energía liberada

El color amarillo supone que la población debe prepararse caso de una evolución desfavorable del fenómeno. Por ello se les está informando de qué debe hacer en este caso y consiste, fundamentalmente, en estar pendientes de las instrucciones de las autoridades y de los medios de comunicación. Las autoridades, siguiendo las indicaciones de los técnicos, están atentas a cualquier indicio previo de una erupción volcánica, como el incremento de la magnitud de los seísmos o del dióxido de carbono.

La decisión es una consecuencia de lo establecido en el Plan Específico de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico (PEVOLCA), considerando las conclusiones del comité científico, en las que tiene en cuenta los cambios apreciados en la energía sísmica liberada y en las deformaciones del terreno.

La naturaleza actuará como lo hace siempre y con cierta antelación sabremos si habrá o no erupción volcánica. Parece, a veces, que los mortales de estas islas nos olvidamos de que vivimos sobre volcanes. Sólo en el siglo XX se produjeron tres erupciones: una en Tenerife (1909) y dos en La Palma (1949 y 1971). En el caso concreto de El Hierro, y aunque no se han encontrado crónicas que lo atestigüen, algunos autores sostienen que la última erupción registrada en la isla más joven de Canarias se produjo en 1793.

Imágenes: Instituto Geográfico Nacional (IGN) y Actualidad Volcánica de Canarias (AVCAN)

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Los volcanes de Fuencaliente son los más visitados de la isla de La Palma, todo ello favorecido por su fácil acceso. Aspecto bien diferente en el caso de los otros volcanes históricos, localizados en la crestería de la Cumbre Vieja, a excepción del cráter del volcán de Tacande (siglo XV), al alcance del visitante en el margen derecho de la carretera que conduce a El Refugio.

El sendero de la Ruta de los Volcanes hace posible el recorrido por la sucesión de cráteres correspondientes a las erupciones de 1949 (San Juan), 1585 (Tihuya), 1712 (El Charco) y 1646 (Martín). Paisaje de extraordinaria belleza, jalonado de otros cráteres prehistóricos que, desde la pendiente, ofrecen una visión singular.

El impresionante cráter del volcán de San Antonio, erupción que se presume con una antigüedad de unos tres mil años y el volcán de Teneguía, el más joven por ahora de los volcanes palmeros, reciben todos los días cientos de visitantes, la mayoría de los cuales pasan primero por el Centro de Visitantes de los Volcanes de Fuencaliente, situado en las inmediaciones del primero de los cráteres citados, en el que reciben información y pueden contemplar una exposición sobre la evolución geológica y volcánica de la isla.

El volcán de Teneguía, cuya erupción se produjo en octubre de 1971, mantiene casi cuarenta años después focos de calor perfectamente palpables. Existe un sendero que lleva hasta lo más alto del cráter, delimitado y seguro en su recorrido, desde el que se aprecian vistas como las imágenes que acompañan.

En las proximidades, en dirección a la vertiente occidental de la isla, se encuentra el Roque Teneguía, pitón fonolítico al que se le estima una antigüedad de unos 600.000 años, en el que se encuentran inscripciones prehistóricas y habita la flor de centaurea, así como las fisuras extrusivas de la erupción del volcán de 1677, cuyas lavas sepultaron a comienzos del año siguiente la renombrada Fuente Santa, felizmente redescubierta en 2005; y los viñedos de Los Llanos Negros, próximo al barrio de Los Quemados, donde se produce el milagro anual de la uva malvasía, que tanta fama y merecido prestigio concede a este pueblo.

Hacia la vertiente oriental encontramos otros magníficos campos de viñedos, conocido como Las Machuqueras y la Cuesta Cansada, en la pendiente sobre la falda del volcán de San Antonio, a modo de continuación del sendero que lleva hasta la Punta de Fuencaliente y discurre entre el primer brazo de lava del volcán de Teneguía.

La erupción del volcán Teneguía deja una interesante sucesión de colores

Borde interior del cráter del volcán Teneguía, visto desde la crestería

El acceso hasta la cúspide del Teneguía está delimitada y es segura

Desde lo alto del Teneguía, el cráter majestuoso del volcán San Antonio al fondo

Fotos: Juan Carlos Díaz Lorenzo

lavas del volcán

Lavas del volcán de 1646

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Sesenta y un años después del volcán de Tihuya (1585) se produjo la erupción del volcán de Martín, que afectó especialmente a los pagos de Tigalate y Fuencaliente, sobre los que expandió un manto de desolación. El cráter está localizado a 1.808 metros sobre el nivel del mar, en el extremo sur del edificio volcánico de la Cumbre Vieja y a unos dos kilómetros de la montaña de El Cabrito.

La erupción comenzó el 2 de octubre de 1646 y cesó el 18 de diciembre del mismo año. Derramó sus lavas en cantidad importante hacia la vertiente oriental de la isla, en una zona de pronunciada pendiente y cubrió un gran espacio hasta alcanzar el mar, entre los límites de Mazo y Fuencaliente, estimado en unos 7.600.000 metros cúbicos, según precisiones de la profesora Carmen Romero Ruiz, en su tesis doctoral, Las manifestaciones volcánicas históricas del Archipiélago Canario (1991).

De la erupción de 1646 existen, que conozcamos, tres referencias correspondientes al siglo XVII. La primera se encuentra en el archivo municipal de La Laguna y sólo describe algunos de los efectos causados por la erupción:

“Y la cosecha de esta Ysla fue muy moderada y corta y la de la Ysla de La Palma por el bolcán que se a abierto, se teme grande necesidad por haberse cubierto las tierras y esterilizádose con lo que ha salido de dichos bolcanes de fuego…”.

La segunda cita, publicada en 1667 por la Royal Society y traducida al español por el profesor Víctor Morales Lezcano, está recogida en una interesante descripción de un ascenso a la cima del Teide, realizado hacia mediados del siglo XVII, de la que se pueden deducir algunos datos de interés:

“Todo lo cual viene confirmado, según él, por el último ejemplo de la Isla de La Palma, a diez y ocho leguas de Tenerife, en donde explotó un volcán hace doce, por cuya violencia se originó tal terremoto en esta isla, que él y otros más huyeron de sus casas, temiendo que se desplomaran encima de ellos. Oyeron los torrentes de azufre ardiendo como truenos y vieron el fuego durante la noche tan claro como un cirio en una habitación durante unas seis semanas. Y el viento trajo tantas nubes de arena y cenizas, depositadas en su propio sombrero, como para llenar un bote de arena de su tintero”.

La tercera referencia está tomada del historiador Núñez de la Peña, que en 1676 escribió:

“En el año de 1646, por el mes de noviembre, rebentó un bolcán en la isla de La Palma, con tan grandes terremotos, temblores de tierra y truenos, que se oyeron en todas las islas; despedía de sí un arroyo de fuego y açufre, que salió al mar. Los vezinos de la ciudad truxeron a ella en procesión a Nuestra Señora de Las Nieves; imagen muy milagrosa; y al otro día, caso admirable, amaneció el bolcán cubierto de nieue, con que cessó, auviendo durado algunos días”.

Otros autores han dedicado atención a la citada erupción, entre ellos Lucas Fernández Navarro, quien, en su trabajo sobre la erupción del Chinyero (1909), se refiere al volcán de Martín, apoyándose en los datos que le había facilitado la sociedad “La Cosmológica”, de Santa Cruz de La Palma, precisando que existen dos acuerdos: uno, del Cabildo palmero, de 19 de octubre de 1646 y otro del Ayuntamiento, de 1 de febrero de 1647.

En este último se describe la erupción como sigue:

“El señor Capitán Diego de Guisla Vanderwalle dijo que como es notorio por dos del mes de octubre del pasado año de 1646, sobre Tigalate, cuatro leguas desta Ciudad y junto a la montaña del Cabrito en la Joya de la Manteca, rebentó un Bolcán de fuego que duró desde el dicho día hasta 18 de Diziembre y en todo el dicho tiempo no zesó de brotar llamas y hechar piedras corriendo á los principios cuatro ríos de fuego que llegaron á el mar y la retiraron más de 300 brazas, y así mismo junto a la orilla del mar y frontero deste Volcán rebentaron otros dos que hecharon de sí mucha cantidad de fuego y una materia que corría como brea derretida y llegando á la mar se congelaba y convertía en piedra y la retiró en mucha cantidad y por los fines se incorporaron los dos ríos que salieron primero y toda la tierra por donde pasaron quedó destruida y en ello tubieron muy gran pérdida los vecinos que tenían sus haciendas de pan y sembrar, y algunos parrales con casas de vivienda, graneros y tanques de recoger agua, y con la arena y jabre que arrojó de sí el dicho Bolcán este deshizo las tierras de Foncaliente, y otras circunvecinas, y se destruyó y quedó todo el pinar y monte de Foncaliente y se ha perdido y perdió mucha cantidad de ganado que se apazentaba en aquellas partes, y se impidió el uso de pastar de la mayor parte del ganado desta Isla; que por ser término de todos los vecinos se valían de hechar allí en invierno y así mismo los colmenares que había en aquellas partes quedaron destruidos con el dicho fuego, arena y jabre y falto de flores para el sustento de las avejas.- Y esta isla estubo en tanto aprieto con los continuos temblores de tierra, estrallidos y truenos que causaba el dicho Volcán, y con la arena que cayó en esta Ciudad y en toda esta Isla”.

Viera y Clavijo, aunque no coincide en la fecha propuesta para el comienzo de la erupción, describe la misma en términos muy análogos a los consignados y cita lo siguiente: “(…) el 13 de noviembre (1646) reventó sobre Tigalate, cuatro leguas de la capital, un volcán, con tan horribles terremotos y truenos, que se asombraron las demás islas comarcanas. Cuatro ríos de materia inflamada corrieron hasta el mar, donde, congelados en lava y peña viva, le retiraron más de 300 brazas, uniéndose allí con el fuego y azufre de otras dos bocas abiertas casi a la misma legua del mar”.

En el Diario de Notas Locales del capitán Andrés de Valcárcel y Lugo, natural de Santa Cruz de La Palma, en donde transcurrió la mayor parte de su vida, y bajo el título Cosas notables: volcanes, se encuentran algunas referencias concretas, por haber sido testigo presencial del acontecimiento:

“En 30 de Setiembre deste año de 1646, que fue domingo, se sintió en esta isla, a media noche, un temblor de tierras, aunque no fue sentido de todos; y luego el lunes 1º de Octubre se sintió de noche un ruido como de piezas disparadas en parte muy remota, que con dificultad se apercibe el ruido; y este día se vio en la parte de Fuencaliente, en la montaña que dicen de la Manteca, salir humo sin cesar, con que luego se echó de ver era volcán, y así por tres o cuatro días estuvo echando el humo muy espeso y tanto, que parecía llegaba a los cielos así condensado; y luego, pasados los dichos días, empezó a hacer tanto ruido y a disparar como si se disparasen un gran número de artillería, con tan gran ruido, que en todas las islas se oían, y echaba de sí piedras en tanta cantidad, que parecían bandos de aves, y tan grandes que de cualquier parte desta isla y de noche con la obscuridad de ella se veían con más evidencia porque parecía cada piedra una ascua viva de fuego, y de esta muchedumbre de piedras que vomitaba se hicieron los caudalosos ríos que corrieron dél, y se entraron en el mar, en tantas brazas como se puede ver; y estos ríos de piedras eran todo un vivo fuego, y así de noche se veían correr de cualquier parte de la isla de Tenerife”.

“Echó de sí, por muchos días, gran cantidad de arena que cayó y llegó a la isla de Tenerife, y en ésta fue en tanta cantidad, que los ganados no tenían qué comer por estar los pastos llenos de esta arena. Hubo muchos temblores de tierra en todos estos días y los edificios parecía venían al suelo, con que todos estábamos temerosos y nos recogimos algunas noches en los bajos de las casas y algunos estando en los patios; y una noche fueron tantos y tan grandes, que todos los habitantes de la isla se fueron a las Iglesias, y a media noche se hizo una solemne procesión con Ntra. Señora de las Nieves, que estaba en la Parroquial de esta ciudad, y se trajo a ella en esta ocasión para que nos favoreciese en ella, y todos iban en ella con la mayor devoción que se puede ponderar y algunos llorando y todos temiendo el castigo de Dios. Y el no haberse caído los edificios y sucedido con estos lamentables sucesos, lo atribuimos a la intercesión de tan buena medianera como la Virgen de las Nieves”.

“Los ríos que corrían llevaban piedras tan grandes, como barcos de 18 a 20 pipas, y estas piedras iban embasadas en una materia líquida como brea, y con la claridad del día estos ríos y las piedras que lanzaba, de que se hacían, parecían negras, y con las tinieblas de la noche, parecían lo que eran, que eran un vivo fuego a la manera de una barra de hierro caldeada en la fragua, si es que puede haberla tal que la hiciese y pusiese en tan vivo fuego como parecían los dichos ríos y piedras que echaba por la boca que abrió dicho volcán”.

“Hizo muchos daños en las tierras por donde corrió. Todo lo dicho digo como tengo de vista, porque el Sr. Lcdo. Dn. Juan de la Hoya, Teniente de esta isla, y otros amigos, fuimos y dormimos una noche en una casa próxima a él, y aquél día llegamos y nos acercamos hasta un arroyo que ya no corría; y duró este volcán con sus arroyos, temblores y ruidos hasta el 21 de Diciembre; y fue cosa pública y notoria que la Gloriosísima Señora de las Nieves, Nuestra Señora, con su rocío favorable, nevó en el volcán; y en esta isla hubo un rocío pequeño, que tanto como esto puede la Reina de los Ángeles Nuestra Señora con su Benditísimo Hijo Nuestro Redentor Jesucristo. En esta ocasión estaban todos los vecinos de esta isla tan devotos y frecuentadores de los templos, que no salían de ellos”.

En 1934, el historiador Agustín Millares Carló publicó en la Revista del Museo Canario uno de los mejores documentos encontrados hasta entonces sobre esta erupción. Se trata de un manuscrito que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid, del que es autor el gobernador de las islas de Tenerife y La Palma, que dirigió al Rey el 18 de diciembre de 1646.

En el documento se dice que “se sintió gran estruendo en toda la dicha Ysla (de Tenerife), en forma de artillería gruesa y escaramuças… tanto que hallándome en La Laguna… y creyendo que eran algunas armadas que estauan peleando, despaché… a descubrir las causas; y no hauiéndose visto nada, estando todos con notable confusión y espanto, porque los estruendos crecían, tuue auiso de Garachico de cómo se hauía descubierto un fuego grande y espantoso en la Ysla de La Palma… y que del mismo fuego se distinguían otros fuegos grandes, que hauían rebentado en aquella parte… y que acaso podían faltar embarcaciones a los moradores para huirle… despaché vn barco, a posta…”.

Por último, encontramos otro dato de cierto interés, que lo aporta Juan B. Lorenzo en el tomo tercero de Noticias para la Historia de La Palma, refiriéndose a un informe de asuntos relacionados con La Palma, enviado por las autoridades de la isla a través de licenciado Blas Simón de Silva, mensajero a la Corte en 1649, que se expresa así:

“Y ultra de esto por nuestros pecados con el estraordinario y no pensado caso del Volcán que reventó por Octubre pasado de 1646, que parece que hasta la naturaleza y los elementos nos han querido hacer guerra; y ya que los ejércitos de enemigos que andan en otras partes no pisan esta tierra, sucedió este terrible y temeroso accidente, cuyos efectos fueron mayores que los de un poderoso ejército de enemigos, pues los tronidos que dio como de grandes piezas de artillería; la horrible voca que abrió; el nuna visto fuego, de que corrieron cinco ríos á la mar; la arena y ceniza que llovió; el temor y congoja que causó en todos, fue mayor de lo que se puede decir ni significar, y así asoló y dejó inútiles muchas tierras y términos de ganados y causó otros lastimosos y miserables efectos que á Vmd. constan y son notorios, y podrá como quien los vio y padeció, dar á entender mas por estenso de que lleva Vmd. informaciones y aun no bien significado en ellas la realidad del suceso”.

Publicado en DIARIO DE AVISOS, 2 de octubre de 2005

 

 

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