Juan Carlos Díaz Lorenzo

En estos días hemos leído noticias y visto imágenes espectaculares del volcán islandés Grimsvötn, cuya erupción ha sido menos impactante que la de su predecesor Eyjafjalla, ya que la nube de cenizas volcánicas que entonces expulsó acabó colapsando el tráfico aéreo en casi toda Europa. Cierto que esta nueva  erupción también ha tenido sus consecuencias en dicho sentido, si bien, afortunadamente, de menor envergadura, registrándose un número sensiblemente menor de cancelaciones.

El volcán Grimsvötn, situado bajo el glaciar Vatnajoekull, entró en erupción el 21 de mayo y hoy prácticamente había cesado en su actividad eruptiva, expulsando columnas de vapor de agua. Unas horas después del comienzo de la erupción, la nube de ceniza alcanzó la respetable altura de 12.000 m, que luego subió a 20.000 m y, ayudada por los vientos dominantes, inició su éxodo hacia Europa, afectando otra vez al tráfico aéreo.

Los científicos del Instituto Meteorológico de Islandia han calificado esta erupción como “la más poderosa” en el pequeño país insular nórdico desde el volcán Hekla en 1947. El volcán Grimsvötn expulsó en su primer día de actividad más rocas incandescentes y cenizas que el propio Eyjafjalla en 40 días del año pasado. Ello es debido, según los análisis realizados por el Instituto de Geociencias de la Universidad de Islandia, a que la ceniza del volcán Grimsvotn es más pesada que la del Eyjafjalla, por lo que no se ha desplazado con tanta facilidad por las capas altas de la atmósfera.

Sólo el 23 de mayo el volcán liberó casi dos mil toneladas de cenizas por segundo y un total de 120 millones de toneladas durante las primeras 48 horas. El volcán Grimsvotn, considerado el más activo de Islandia, había entrado en erupción por última vez en 2004. Los geólogos islandeses ya habían anunciado que estaba próximo a un nuevo episodio, como así ha sido, por lo que hemos de considerarlo un volcán lustral.

La columna de humo en elevación, en el primer día de la erupciòn

Impactante fotografía de la nube de cenizas en su expansión

La columna de humo del volcán, a vista de satélite

Fotos: AFP y NASA

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Juan Carlos Díaz Lorenzo

En la noche del 14 de julio de 1949, el gobernador civil de la provincia y jefe provincial del Movimiento, Emilio de Aspe Vaamonde, pronunció una conferencia a través de los micrófonos de Radio Club Tenerife (EAJ 43), la emisora decana de Canarias, sobre la evolución del volcán de San Juan, que fue seguida por los oyentes con un interés inusitado, y en particular por la amplia colonia palmera residente en la isla de Tenerife.

Radio Club Tenerife, desde su sede en la Rambla de Pulido, emitió la intervención del gobernador civil por onda media para la audiencia del Archipiélago Canario y por onda corta para los países de habla hispana, en especial para Venezuela, donde ya residía, por entonces, una colonia canaria de cierta entidad.

El gobernador civil Emilio de Aspe, junto al capitán general García-Escámez y el alcalde de Fuencaliente, Emilio Quintana

Aquella noche, el gobernador civil, hombre de verbo encendido, dijo lo siguiente:

“Acabo de regresar de La Palma, donde he presenciado el fenómeno dantesco de esta erupción volcánica, que tantos estragos está causando en las feraces tierras de aquella isla, una de las más bellas de Canarias, y destruyendo humildes hogares de gentes campesinas, que presencian cómo el río de lava calcina su pequeña heredad, cultivada con tanto cariño. No quiero hablar del espectáculo que ofrece esta corriente de lava, que desde una cota de 1.500 metros, desciende hasta el mar con una extensión de 7 kilómetros aproximadamente, porque mi viaje no tuvo por motivo contemplar un espectáculo más, por muy grandioso e indescriptible que sea éste, sino comprobar personalmente, con la visión de contacto, los daños irreparables, el funcionamiento de los servicios y adoptar todas cuantas medidas de precaución creyera necesarias, para limitar en lo humanamente posible las consecuencias de la catástrofe.

Así, a través de esta impresión personal recogida en los lugares afectados, puedo hoy decir a los que me escuchan, y de manera muy particular, a los hijos de La Palma, que tanto aquí como en los pueblos hermanos de América, viven momentos de zozobra e incertidumbre por la desgracia que sufre su querida Isla, La Palma, a pesar de la violencia de la erupción, a pesar de la devastación de extensas zonas de campos de cultivo, a pesar de la destrucción de viviendas de humildes labriegos, mantiene un espíritu entero y resignado ante la catástrofe, y quizás esto se debe, principalmente, a que no ha habido ninguna desgracia personal. En este azote de la naturaleza, Dios ha querido salvaguardar la vida de los hombres, quienes todo lo esperan de Él, por intercesión de su Patrona, la Virgen de las Nieves, máxima expresión devota de sus amores.

Puedo decir, que vengo satisfecho de haber podido comprobar que todos los servicios han funcionado con la regularidad y eficacia que demanda la catástrofe, que he comprobado también un magnífico y ejemplar espíritu de hermandad entre todos los pueblos palmeros, cuyos habitantes, han acudido presurosos a socorrer a las familias siniestradas, destacándose en esta labor los Ayuntamientos y vecindarios de El Paso, Los Llanos de Aridane, Tazacorte, Fuencaliente y Mazo, quienes incluso se han disputado en algunos momentos, el alojar en sus propias casas a personas que perdieron la suya.

Foto tomada el 8 de julio de 1949, cuando la lava llegó a Las Manchas

Las autoridades todas, respondiendo celosamente a las instrucciones que he dictado, han procurado establecer, en medio de esta casi improvisación de socorros, servicios auxiliares de un resultado positivo. Y nuestro Frente de Juventudes, a pesar de la corta edad de sus componentes, ha dado una prueba de sacrificio y hermandad cristiana, contribuyendo a desalojar hogares amenazados y a transportar sobre sus espaldas los enseres de las humildes viviendas.

Los servicios de Abastecimientos y Transportes, al quedar cortada por la lava la carretera general del Sur, en el km. 43 y dejar incomunicado varios pueblos de aquella zona, se apresuraron a establecer dos importantes depósitos de víveres, que se transportan unos por carretera y otros por vía marítima, para enlazar y conseguir que nadie quede privado de su avituallamiento normal. También he recibido de la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes ofrecimientos para remitir, tan pronto se haga necesario, los víveres que pudieran faltar al vecindario afectado. Y, en este orden de servicios, también puedo deciros, que, en cumplimiento de órdenes concretas que le he dado, esta noche embarca para La Palma, el secretario de esta Delegación de Abastecimientos y Transportes, D. Ricardo Armas Baker, para vigilar la regularidad de los racionamientos y llevar además para su distribución gratuita entre los damnificados, cantidades de azúcar, harina blanca, pasta para sopa y latas de carne.

El estado sanitario es perfecto y, no obstante, también esta noche embarca para la citada isla el Jefe Provincial de Sanidad, señor Vinuesa, con otros jefes provinciales de servicios estatales, como es el ingeniero-jefe de Obras Públicas, Manuel Belda Soriano y otros elementos técnicos, que a la vista de los acontecimientos, adoptarán las medidas que de acuerdo con las necesidades se crean más pertinentes.

Con objeto de dar mayores facilidades aún para los servicios de socorro y alojamiento, he ordenado, que desde Tenerife se envíe el número preciso de camas y todo el material necesario que vayan reclamando las incidencias del fenómeno volcánico.

Como lo hago ahora desde mi despacho del Gobierno Civil, durante mi estancia en La Palma, estuve en constante comunicación telefónica con el Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación, D. Blas Pérez González, dándole noticias de la catástrofe y de sus consecuencias pudiendo decir que el ministro, que tan condolido se encuentra por este azote de que es víctima su isla natal, me ha manifestado el interés con que llevará al seno del Gobierno, un amplio plan, para rehacer en lo posible, las consecuencias de los estragos ocasionados por la corriente de la lava. Y añado también, que el ministro, ha dispuesto el envío de 100.000 pesetas en beneficio de los damnificados. Creo oportuno adelantar, que entre las fórmulas que se arbitrarán, será la más práctica y de valor más efectivo, el estudio conjunto por la Dirección General de Regiones Devastadas, dependiente del Ministerio de la Gobernación, y el Instituto Nacional de Colonización, para adquirir algunas extensas fincas que, parceladas, permitirán el asentamiento de los labradores que han perdido su pequeña heredad, y la construcción, en la misma área de su terreno la casa vivienda.

Llegada de la lava al mar por Las Hoyas

Las fuerzas del Ejército, Guardia Civil, Guardería Forestal y vecindario, como antes dije, se mantiene en un ejemplar espíritu de cooperación, acudiendo a los lugares en peligro, ordenando la evacuación de hogares y contribuyendo todos eficazmente a paliar, en la medida de lo posible, los efectos de la erupción. Yo, en nombre del Gobierno y en nombre también de los damnificados de la isla de La Palma, expreso desde aquí mi gratitud a todos, por tan cristiano y eficaz comportamiento, que de momento tiene la íntima recompensa de la satisfacción del deber cumplido, pero también de la emocionada gratitud y la alabanza general de un pueblo entero, hoy en desgracia.

Y, para los que desde América puedan escuchar mi voz, solamente he de decir, que deben tener todos confianza en que hay un Gobierno, que procurará llevar nuevamente alegría a los hogares hoy entristecidos y que en ese Gobierno, hay un ilustre hijo de La Palma, que será el mejor valedor ante nuestro invicto Caudillo, para reconstruir y favorecer aquellos hogares devastados y a aquellas gentes damnificadas. En vuestra isla, palmeros de América, tan bella como acogedora, no ocurre otra cosa que una erupción volcánica, como una de las tantas que sufrieron vuestros antepasados. Se han calcinado algunas tierras, ayer ricas y feraces, y se han derrumbado algunas casas, que cobijaban a un vecindario que vivía feliz en medio de ellas. Esto es todo lo que constituye la catástrofe producida por la erupción del volcán de la montaña del Duraznero. Pero os debe servir de consuelo el saber que vuestra milagrosa Virgen de las Nieves, el gran símbolo de vuestra fe y el perenne recuerdo de vuestra tierra, ha librado a vuestros paisanos de toda clase de desgracias personales. ¡Que la bendita Señora, siga, en medio de la catástrofe producida por la naturaleza, prodigando su protección a los queridos hermanos de la isla de La Palma!.

En cuanto a los tinerfeños de esta provincia de mi mando, yo espero que todos, en la medida de sus recursos, contribuyan con sus donativos a engrosar la lista de suscripción pública, que he ordenado abrir en este Gobierno Civil y en todos los Ayuntamientos de la provincia, para socorrer a los damnificados por la erupción volcánica. Este es un gesto de hermandad y de sentimientos cristianos, que yo creo que se despertará entre todos los que desde cerca o desde lejos, conozcan las consecuencias de esta devastación. Al entregar yo personalmente donativos por valor de 76.000 pesetas, en manos de aquellas infortunadas gentes, he comprobado hasta qué grado llega su gratitud y hasta qué medida su reconocimiento. Junto a las cantidades de 100.000 pesetas enviadas por el Sr. Ministro de la Gobernación, y las 76.000 pesetas donadas por este Gobierno Civil, hay que añadir los donativos de 25.000 pesetas del Cabildo de Tenerife y 10.000 pesetas de la Mancomunidad Provincial. Sin embargo, ante la magnitud de las consecuencias de esta erupción, estas cantidades son aún pequeñas para remediar las necesidades más urgentes. Por eso, yo llamo al corazón de todos, en auxilio de unos hermanos en desgracia y espero que nadie sea sordo a mi llamamiento”[1].

En La Palma la intervención del gobernador civil fue seguida con el mayor interés.

“Todo el vecindario -dice El Día- se manifiesta agradecido al Sr. de Aspe, por sus palabras de consuelo y frases esperanzadoras acerca de las soluciones que se estudian y el llamamiento hecho para socorrer a los damnificados. Por todos estos motivos, los vecinos de Los Llanos, El Paso, Tazacorte y Fuencaliente, especialmente, se muestran vivamente agradecidos al gobernador civil, enviándole comunicaciones muy expresivas en tal sentido”[2].

Fotos: Garriga y Quintero (archivo Juan Carlos Díaz Lorenzo)


[1] El Día, 15 julio 1949.

[2] El Día, 16 julio 1949.