Juan Carlos Díaz Lorenzo

La erupción del volcán Merapi, en Indonesia, centra la atención de la comunidad científica internacional y, al mismo tiempo, se ha convertido en un terrorífico manto de destrucción, muerte y desolación, con 141 fallecidos, más de doscientos heridos y casi 200.000 evacuados hasta el momento, según informan las autoridades del país asiático. 

El citado volcán, uno de los más activos y temibles de la isla de Java, entró en erupción el 26 de octubre y desde entonces son constantes los episodios jalonados de violentas erupciones, lluvias de cenizas ardientes, gases, movimientos sísmicos, gigantescas columnas de humo y derrame de lavas, temiendo los expertos que ésta pueda deslizarse por el río Gendol.

El volcán Merapi está situado cerca de la ciudad de Yogyakarta, en la provincia de Java Central, en una región densamente poblada, razón por la cual las autoridades han ampliado a 15 kilómetros la orden de evacuación de las personas que viven en la zona, en su mayoría humildes campesinos, siendo obligados a dejar sus casas, ganados y campos de labranza.

Explosión en el cráter del volcán Merapi

Monte Merapi (Montaña de Fuego) es el volcán más activo de Indonesia

Con el propósito de convencer a la gente para que se marche a zonas más seguras, el presidente indonesio, Susilo Bambang Yudhoyono, aseguró que el Gobierno cubrirá los gastos originados por la muerte del ganado a causa de la actividad del volcán.

La actividad del volcán Merapi se suma a otra gran catástrofe sucedida en Indonesia unos días antes, cuando un tsunami provocado por un movimiento sísmico de magnitud 7,7 causó la muerte de algo más de cuatrocientas treinta personas en las islas Mentawai, frente a Sumatra, en el que más de quince mil personas perdieron sus viviendas según las informaciones de las autoridades.

La erupción del volcán se ha cobrado la vida de su guardián espiritual, el abuelo Marijan, una víctima de renombre, que murió bajo las cenizas después de toda una vida consagrada a calmar las iras de “la montaña de fuego”. El cadáver de este singular personaje, y el de un periodista que acudió a rogarle que huyera en cumplimiento de la orden de evacuación de las autoridades, fueron encontrados entre los escombros de la casa, en posición de rezo, en cuclillas, como si hubiera buscado hasta el final calmar la cólera del gigante, según relata la prensa local.

La erupción permite captar imágenes tan bellas como ésta

El abuelo Marijan era una figura muy respetada en Java, isla impregnada de misticismo donde el volcán Merapi es el más sagrado y el más temido. Había sido nombrado personalmente por Hamengkubuwono IX, el precedente sultán de Yogyakarta, la gran ciudad al pie del volcán, para hacer respetar las tradiciones y costumbres vinculadas al Merapi.

Dirigía la ceremonia anual de Labuhan, durante la cual se hacen ofrendas al volcán para afirmar la alianza entre el palacio del sultán y el mundo de los espíritus que habitan en la montaña. Las supersticiones son importantes entre los javaneses, en su mayoría musulmanes pero cuya fe representa un sincretismo que mezcla el islam con otras tradiciones como la animista, la budista o la hinduista. Para anunciar una erupción, a menudo consideran más fiable estudiar cómo se levanta el sol o interceptar sueños que dar crédito a los científicos.

El cráter se eleva 2.911 metros de altura sobre el nivel del mar

Expulsión de una nube de gases y cenizas ardientes

Cuando el volcán, situado a 2.911 metros de altura, comienza a rugir, los habitantes cocinan pasteles envueltos en una hoja de cocotero que suspenden en los dinteles de las puertas para que éste se calme. En una erupción precedente, el abuelo Marijan había subido aún más cerca del cráter para dos días de meditación, a pesar de los lahares y las nubes ardientes.

“Considera que su mandato es cuidar la montaña. A menudo preguntaba: ‘¿De qué serviría un guardián que abandonase su puesto?’”, dijo Damarjati Supajar, profesor de filosofía de Yogyakarta, que ha estudiado las relaciones entre los hombres y el volcán Merapi.

Más de 10.000 habitantes viven en las faldas del volcán –algunos, incluso, en aldeas situadas a 1.700 metros de altitud- y comparten sus estados anímicos, que aceptan ya que este último les ofrece una tierra extremadamente fértil donde cultivan frutas y verduras.

Una niña corre dejando atrás una gran nube del volcán

Cuando el volcán está en calma, la vida discurre apacible y tranquila

Desde 1548 hasta la fecha, el volcán Merapi –conocido también como Monte Merapi y Gunung Merapi en la lengua local- ha registrado 69 erupciones, de las cuales las más violentas se han producido en los años 1786, 1822, 1872 y 1930, en que causó la muerte de 1.400 habitantes de unas treinta aldeas, así como 1996, con un saldo de 60 muertos. Desde 2004, el volcán Merapi forma parte del parque nacional de su mismo nombre y ocupa una superficie de 6.410 hectáreas.

El 15 de mayo de 2006 se registró otra erupción de importancia, que provocó la evacuación de unas 17.000 personas. Doce días después, un terremoto de 5,6 grados con epicentro a unos 50 kilómetros al sur del volcán, en la región de Yogyakarta, causó la muerte de unas cinco mil personas y dejó sin vivienda a otras doscientas mil y en el mes de junio fueron evacuados otros 11.000 habitantes debido a la caída de flujos piroclásticos. Por el contrario, cada vez que el volcán ruge, miles de turistas tratan de llegar a la comarca para presenciar la erupción del volcán sagrado.

Fotos: Lesto Kusumo, AP, Reuters, Antara News