A doña Araceli Guimerá de Lugo, una de las excursionistas del volcán

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Desde el comienzo de la erupción del volcán de San Juan, numerosos grupos de vecinos de El Paso, Los Llanos de Aridane, Mazo y otros pueblos de la Isla fueron de excursión a la Cumbre Vieja, para tratar de ver lo más cerca posible la actividad eruptiva, desafiando, en algunos casos, el límite de lo razonable y haciendo caso omiso a las severas advertencias de las autoridades.

“Estas jiras -dice la crónica del periódico tinerfeño La Tarde– tienen por objeto presenciar de cerca este fenómeno geológico, y son prueba de la tranquilidad que reina en la Isla, ya que en algunas de ellas toman parte incluso animadas parrandas. Por la noche puede apreciarse desde gran distancia el resplandor de las explosiones, lo que constituye un extraño y atrayente espectáculo, siendo perfectamente visible anoche desde la parte alta de El Paso, adonde acudieron numerosos vecinos”.

En El Paso, las fiestas del Sagrado Corazón y en Los Llanos, las de Nuestra Señora de los Remedios, Patrona del valle de Aridane, se vieron adornadas por la luminaria pirotecnia del volcán y el suceso acaparó la máxima atención del pueblo palmero. Unos, en vehículos particulares y la mayoría en camiones, se desplazaron hasta Las Manchas y El Time para presenciar un espectáculo tan singular como inolvidable.

El Paso, decía DIARIO DE AVISOS, “encendió durante todo el día las fumarolas de su devoción en honor y amor del Sagrado Corazón de Jesús, su Patrono, llenando las calles de bellísimas alfombras florales, cánticos y versos, músicas y luces como si quisiera demostrar rotundamente que los fuegos de la tierra no pueden jamás con la llamarada de la fe, que llega al Cielo”.

Los jóvenes y veteranos artistas de las tradicionales alfombras de El Paso se aprestaron a toda una noche de trabajo en las calles de su ciudad natal para la confección de los motivos alegóricos, en un recorrido de unos tres kilómetros, sobre los que luego pasaría la procesión.

En la ciudad de Los Llanos de Aridane comenzaron las fiestas con un amplio programa de actos populares y religiosos, sin que la erupción del volcán provocara alteraciones en el desarrollo del programa, que era, como es lógico, tema obligado de observación y conversación.

En la tarde del 27 de junio de 1949, el delegado del Gobierno volvió de nuevo a El Paso y, acompañado por el alcalde de la ciudad, se trasladó a la zona afectada por el volcán, recorriéndola con detenimiento y atravesando lugares cuarteados por los movimientos sísmicos que desprendían emanaciones gaseosas y se acercaron lo más que pudieron hasta el cráter de El Duraznero, en una actuación francamente temeraria.

A su regreso se adoptaron varios acuerdos para que, en caso necesario, fuera prestada toda la ayuda necesaria a los vecinos de Jedey y Las Manchas, poblaciones sobre las que se presumía se produciría el vertido de lava, por lo que se ordenó a la Guardia Civil que redoblara sus esfuerzos de vigilancia ante lo que parecía un hecho inminente.

Al pasar por Jedey se detuvo para saludar a los vecinos afectados y, entre ellos, al propietario de un pajero al que un temblor de tierra había derribado una pared. El vecino, Hermógenes Armas Pérez, a pesar de su problema, invitó a un vaso de vino al delegado del Gobierno, al alcalde de El Paso y a otras personas que le acompañaban. Esa noche, Fernando del Castillo habló por teléfono con el ministro Pérez González, transmitiéndole sus apreciaciones acerca de los acontecimientos que se producían en la Isla.

El trabajo del delegado y el subdelegado del Gobierno, así como de los alcaldes de El Paso, Los Llanos de Aridane, Tazacorte, Fuencaliente y Villa de Mazo y de sus respectivos grupos de colaboradores, fue de una especial importancia, lo que se traducía en una relativa tranquilidad para los vecinos, que estaban ansiosos y temerosos al mismo tiempo de que se produjera la salida de la lava, para así conocer qué sería de sus casas y propiedades.

El interés del ministro de la Gobernación, cuyas manifestaciones de protección y ayuda divulgaban insistentemente las autoridades y las emisoras de radio, fueron recogidas con verdadero agrado por los habitantes de La Palma.

Ese mismo día se corrió la noticia, recogida en la prensa, de que la erupción del volcán de San Juan era de tipo peleano, al conocerse el taponamiento del cráter de la base de la montaña de El Duraznero. Al parecer, aficionados a la vulcanología o personas de poco conocimiento se atrevieron a divulgar dicho comentario.

Los técnicos se aprestaron rápidamente a desmentir la noticia y el delegado del Gobierno publicó una nota en la que anunciaba reprimir con las sanciones correspondientes a aquellas personas que contribuyeran a aumentar sin fundamento la intranquilidad y el nerviosismo de los vecinos.

La nota de la Delegación del Gobierno decía lo siguiente:

“La insensatez derrotista en los comentarios acerca del natural como reciente fenómeno volcánico, deformando el hecho y desorbitando sus verdaderas consecuencias en la sugestión colectiva, han obligado a este Organismo, inquebrantable en su decisión de evitar alteraciones en el orden y tranquilidad públicos, a imponer sanciones a determinados individuos especuladores del ridículo fantasma del miedo, en la conciencia de gentes sencillas.

Obvio es repetir, que por mi Autoridad, en nexo íntimo con las de otro orden de la isla y capital de la provincia, se han tomado, sin incurrir en exageraciones perniciosas, las medidas preventivas que la naturaleza del fenómeno reclama; y se está en constante alerta para dictar sobre la marcha del acontecimiento aquellas otras que necesario fueren.

Afortunadamente, el agente geológico interno se desarrolla en sus distintas fases con perfecta normalidad.

No existe, por consiguiente, motivo próximo de inquietud y esta Delegación del Gobierno espera de la serena reflexión de los palmeros que destierren de sus conversaciones conjeturas sin fundamento, que manejadas tendenciosamente por un reducido sector de escándalo, explota su sensacionalismo en falsas alarmas, contra el que actuaré con el máximo rigor, habiendo cursado en tal sentido órdenes a los agentes de mi Autoridad”.

Al respecto, DIARIO DE AVISOS comenta lo siguiente:

“También el vecindario sigue en su puesto de virilidad. Esta es la palabra -virilidad-, pues ante las elucubraciones de los derrotistas en su afán de exteriorización científica, cuando no las de otros menos avisados o peor intencionados, les vuelven la espalda con un gesto magnífico de serenidad y civismo, que parece ser la característica de todos los vecinos de los pueblos inmediatos al volcán, siguiendo con ello no sólo las orientaciones de las autoridades, que para un caso de urgencia lo tienen todo previsto y dispuesto, sino respondiendo también a la propia personalidad, que es todo nobleza y comprensión. Lo demás, escoria, que diría Esquinazo“.

El 28 de junio, a primera hora, el delegado del Gobierno recorrió de nuevo la zona de la Cumbre Vieja, hasta llegar a las inmediaciones del cráter de El Duraznero. El regreso se hizo especialmente dificultoso por las grietas del terreno y los gases que se desprendían por estas fisuras de grandes dimensiones, complicado, además, por los hundimientos y el espeso manto de cenizas que cubría el suelo. Poco después de mediodía pudo llegar a El Paso y partió hacia la capital insular para ultimar los detalles de la visita de las autoridades provinciales prevista para el día siguiente.

Grupo de excursionistas de Los Llanos de Aridane, entre ellos Conrado Hernández y Araceli Guimera (izq.)

El espectáculo nocturno de la lava, cayendo sobre el acantilado

Actividad eruptiva en los cráteres del volcán de San Juan

El 29 de junio, al amanecer, atracó en el puerto de Santa Cruz de La Palma el cañonero de la Marina de Guerra Martín Alonso Pinzón, en el que enarbolaba su insignia el capitán general de Canarias, Francisco García Escámez, acompañado del general Vicat, jefe del Arma de Artillería; coronel Luciano García Machiñena, jefe del Estado Mayor de Capitanía General; comandante Rojí, ayudante del capitán general, teniente coronel Pallero y otros jefes y oficiales.

Poco después atracó el vapor Ciudad de Alcira, en el que viajaba el gobernador civil de la provincia, Emilio de Aspe Vaamonde, acompañado de su secretario particular, José Duque Alonso; Isidoro Luz Cárpenter, vicepresidente del Cabildo Insular de Tenerife; Leoncio Oramas y Díaz-Llanos, ingeniero-jefe de los Servicios Forestales; señor Font, jefe de los Servicios Meteorológicos y el periodista Luis Álvarez Cruz, enviado especial de los periódicos El Día y La Tarde.

A pie de muelle fueron recibidos por el delegado del Gobierno, las primeras autoridades insulares y varias representaciones locales. Los recién llegados manifestaron que desde la cubierta del barco se divisaba durante la noche el resplandor del incendio del bosque y las luminarias del volcán. Todos ellos, así como el comandante del cañonero y varios de sus oficiales, a los que también se unió Félix Poggio Lorenzo, director de DIARIO DE AVISOS, emprendieron viaje por la carretera general del Sur hacia el refugio forestal de El Paso, continuando unos a pie y las autoridades a lomo de caballería, por los senderos del pinar hasta alcanzar, después de un largo recorrido, el borde del cráter de El Duraznero, donde pudieron apreciar un panorama realmente impresionante.

De vuelta a El Paso se celebró una reunión en presencia del capitán general y el gobernador civil, en la que se estudiaron las medidas necesarias para prever cualquier contingencia y acudir de inmediato en auxilio de las poblaciones afectadas.

El gobernador civil, en el largo recorrido que hizo durante el día, habló con los habitantes de Las Manchas y Jedey prometiéndoles, en nombre del ministro de la Gobernación y del propio gobierno de Franco, los medios necesarios para reparar las destrucciones ocasionadas por la erupción.

Dos observadores ocasionales, el periodista Juan del Río Ayala, enviado especial del periódico Falange de Las Palmas y el delegado insular de la Falange Juvenil, Andrés de las Casas Herrera, hicieron una arriesgada incursión y llegaron hasta el mismo borde del volcán, utilizando gruesas sogas y medios auxiliares de respiración, para resguardarse del fuerte olor sulfuroso existente en la zona. Sus informaciones sirvieron a los técnicos para comprobar la veracidad de las observaciones hechas con anterioridad y a una distancia más próxima.

Por la noche, y a bordo del Ciudad de Alcira, el gobernador civil y sus acompañantes emprendieron el viaje de regreso a Santa Cruz de Tenerife, mientras el capitán general embarcó en el cañonero Martín Alonso Pinzón y zarpó de madrugada hacia las islas de La Gomera y El Hierro, con la finalidad de visitar las guarniciones de ambas islas y después regresó a la capital tinerfeña.

Ese mismo día, un avión militar Junkers 52 (T2-80), pilotado por el teniente coronel Serrano, despegó desde el aeropuerto de Gando y realizó un vuelo sobre la zona del volcán. Al día siguiente, el mismo aparato, esta vez pilotado por el comandante Suárez Ochoa, realizó un vuelo de algo más de tres horas de duración con técnicos del servicio fotográfico militar.

El 1 de julio, el delegado del Gobierno ordenó la instalación de varias tiendas de campaña facilitadas por el Frente de Juventudes para aliviar en lo posible las enormes molestias que sufrían los vecinos de Las Manchas y Jedey, que vivían desde hacía días al aire libre al no querer abandonar sus casas, resquebrajadas por los movimientos sísmicos.

A mediodía llegó a El Paso el rector de la Universidad de La Laguna, José Ignacio Alcorta Echevarría; el comandante militar de la Isla, Carmelo Llarena y Bravo de Laguna y el teniente coronel de la Guardia Civil, Carlos Simarro. Acompañados por las autoridades locales y el guarda-jurado de la Asociación de Cazadores, marcharon a la zona del volcán, donde observaron las fuertes detonaciones y los daños originados en el pinar colindante. Antes de su regreso a la capital insular visitaron a los vecinos de Jedey y Los Charcos, comprobando su preocupación y el cansancio de los varios días que llevaban a la intemperie.

Esa noche, del delegado del Gobierno embarcó hacia la capital tinerfeña a bordo del correillo. Al día siguiente amaneció en Santa Cruz, con la finalidad de resolver cuestiones urgentes relacionadas con la erupción. Desde los micrófonos de Radio Club Tenerife pronunció una conferencia, que fue también emitida por onda corta para la audiencia hispana de América, en la que explicó el fenómeno geológico desde sus comienzos y la situación en que se encontraba, con la finalidad de aclarar todas las dudas existentes ante las noticias exageradas difundidas por algunos medios, sobre todo en Venezuela, y las emisoras de radio de diferentes países.

En este día, el general Manzaneque, jefe de la Zona Aérea de Canarias y África Occidental Española, al mando de un avión Junkers Ju-52, despegó del aeropuerto de Los Rodeos y sobrevoló la zona del volcán de San Juan, regresando después de dos horas de vuelo.

Publicado en DIARIO DE AVISOS, 1 de julio de 2007

Fotos: Manuel Rodríguez Quintero y Adalberto Benítez Tugores / Archivo FEDAC

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El 10 de julio de 1949, dos días después del comienzo de la salida de la lava del volcán de San Juan desde la fractura situada en Llano del Banco, el primer brazo ardiente alcanzó la orilla del mar. La corriente que se había adelantado por Las Hoyas hizo que desapareciera la amenaza que se cernía sobre el barrio de Todoque y, después de sepultar un empaquetado de plátanos, a las siete y media de la tarde se produjo el esperado encuentro, bajo la atenta mirada de miles de personas.

Con un frente de unos 500 metros y mientras caía por el acantilado en forma de cascada, dio origen, en la prosa del profesor palmero Manuel Martel San Gil, “a un violento y sorprendente choque, francamente indescriptible, entre el elemento ígneo y la masa líquida que como gigantescos titanes luchan por imponer su dominio, y al fin, mientras una yace petrificada atestiguando la lucha consumada, el otro se levanta en forma de densas columnas blancas, pregonando cómo entre el hervir de las aguas del mar y la consolidación de un fluido magma, se acrecienta la superficie de una de las islas, a cuya acción deben su existencia”.

En la tarde del 11 de julio y en el Teatro Circo de Marte, en Santa Cruz de La Palma, el geólogo Simón Benítez Padilla pronunció una conferencia titulada El volcán de las Manchas y otros de La Palma. La presentación estuvo a cargo del abogado y consejero del Cabildo Insular, Acenk Galván González, quien destacó la personalidad científica del autor y agradeció en nombre de La Palma los constantes desvelos por tranquilizar a la población insular sobre la naturaleza del volcán. Benítez Padilla hizo una interesante aportación de observaciones personales y datos sobre la erupción, relacionándolos con otros volcanes históricos. El público llenó por completo el aforo del teatro y aplaudió con entusiasmo la intervención del conferenciante, que envió un claro mensaje de tranquilidad al pueblo de La Palma.

Durante la madrugada y en la mañana del 12 de julio se percibieron en El Paso y Los Llanos una serie de fuertes ruidos subterráneos. Poco después de las 16 horas apareció un nuevo cráter con tres bocas en el sitio llamado Hoyo Negro, próximo a El Duraznero, del que dista unos 300 metros y que expulsa una gran cantidad de gases, piedras incandescentes y partículas sólidas hasta una altura de unos 700 metros, lo que ha originado nuevos incendios en el pinar.

Los técnicos estiman que, en el caso de que el volcán arroje lava por este cráter, se prevé que pueda correr próxima a la que vierte la fisura de Llano del Banco, pasando por la finca de San Nicolás y desemboque en el mar por Puerto Naos. Sobre Los Llanos de Aridane cayó una lluvia de cenizas y en el ambiente se percibía un fuerte olor a azufre.

Uno de los brazos de lava mantenía su amenaza sobre el caserío de Cuatro Caminos, mientras en el de Puerto de Naos parece que se detuvo, aunque los ramales aumentaron su anchura y continuó la caída al mar después de atravesar Las Hoyas, en el que se adentró en grandes cantidades, con lo que ensanchó su frente de avance en una longitud considerable. Hasta el momento, según el recuento oficial, la lava había arrasado unas 70 casas en los barrios de Las Manchas y Jedey, y otras 50 casas se habían caído o sufrido daños de importancia a consecuencia de los temblores de tierra.

Pese a la aparición del nuevo cráter de Hoyo Negro, la ausencia de movimientos sísmicos durante la jornada ha conferido una mayor tranquilidad al desarrollo de la erupción, aunque el personal de Montes informó que en la Caldera de Taburiente se produjeron algunos derrumbes.

El 13 de julio llegó a la capital insular el capitán de fragata Manuel Montojo Fernández, segundo comandante de Marina de la provincia tinerfeña, acompañado del segundo-jefe del Tercio de la Guardia Civil, Carlos Simarro, trasladándose a continuación a la zona del volcán.

A bordo de la falúa Quisisana llegaron a Tazacorte el subjefe provincial del Movimiento, Ricardo Hogdson Lecuona; el jefe insular del Frente de Juventudes, Andrés de las Casas; el secretario particular del gobernador civil, José Duque Alonso y el periodista tinerfeño Luis Álvarez Cruz. Esa noche, y después de permanecer varios días en la Isla estudiando el fenómeno volcánico, regresó a Las Palmas el geólogo Simón Benítez Padilla.

Al día siguiente se recibió un nuevo donativo de 100.000 pesetas del ministro de la Gobernación para atender a los evacuados y se informó que había solicitado del Ministerio de Marina el envío inmediato de varios buques rápidos para mantener el servicio de transporte marítimo entre Tazacorte y Santa Cruz de La Palma.

A instancias del ministro, una comisión de técnicos del Instituto Nacional de Colonización emprendió viaje a La Palma, con la finalidad de ver la posibilidad de adquirir una o dos fincas de grandes dimensiones que podían ser parceladas y donadas a los agricultores que habían perdido sus propiedades al quedar sepultadas por la lava.

Otra comisión de la Dirección General de Regiones Devastadas vino con la misión de atender la reconstrucción de todas las viviendas que habían resultado destruidas o con graves daños por la lava o los temblores de tierra.

Ese mismo día llegó a La Palma el ingeniero-jefe provincial de Obras Públicas, Manuel Belda Soriano, para inspeccionar las carreteras que habían resultado interceptadas por los brazos de lava, así como los daños causados en su recorrido por los movimientos sísmicos y el derribo de paredes. El ingeniero-jefe manifestó que tenía todo dispuesto para que, desde el momento en que dejara de correr la lava, comenzaron los trabajos para restablecer la circulación en la carretera general del Sur.

En el mismo barco llegó el presidente del Cabildo Insular de Tenerife y de la Mancomunidad Provincial Interinsular, Antonio Lecuona Hardisson, que ofreció a las autoridades la ayuda económica o de cualquier otro tipo que pudieran prestar las corporaciones que presidía y entregó un donativo de 25.000 pesetas en nombre de la primera y otro de 10.000 pesetas, de la segunda, así como un donativo personal para atender a los evacuados.

Antonio Lecuona destacó el interés con el que las autoridades nacionales seguían el desarrollo del volcán y, en especial, el ministro Blas Pérez González, de quien dijo que su despacho en el Ministerio de la Gobernación se había convertido casi en un centro de estudios volcanológicos, siguiendo las incidencias diarias sobre un gran mapa de la Isla.

Ese mismo día llegó a La Palma el inspector provincial de Sanidad, Ángel Vinuesa, para inspeccionar el funcionamiento de los servicios sanitarios insulares. En Los Llanos se utilizaron todas las habitaciones libres en el nuevo hospital, para atender a los evacuados que necesitaban cuidados especiales, así como el edificio construido para posibles afectados de epidemias graves. Las dependencias se habilitaron con camas y ropas del Hospital de Dolores de Santa Cruz de La Palma, que fueron trasladadas por vía marítima en cumplimiento de lo dispuesto por el Gobierno Civil.

Impresionante espectáculo de la llegada de la lava al mar

De las personas evacuadas, niños, adolescentes y muchos adultos, una parte fueron a Santa Cruz de La Palma y se alojaron en casas particulares ofrecidas por sus habitantes. Los que necesitaron cuidados médicos fueron ingresados en el Hospital de Dolores, donde recibieron las atenciones que requerían. El médico cirujano Amílcar Morera Bravo, jefe del citado servicio, realizó más de cuarenta intervenciones.

Los médicos de la isla, tanto de medicina general como especialistas, en servicios oficiales o consultas privadas, atendieron cuantas solicitudes les fueron formuladas para atender a los evacuados. El inspector provincial de Sanidad expresó su satisfacción por el funcionamiento de todos los servicios sanitarios, así como la ausencia de elementos que pudieran provocar alguna epidemia.

Asimismo llegó a la Isla el secretario técnico de la Delegación Provincial de Abastecimientos y Transportes, Ricardo Armas Baker, quien inspeccionó los servicios de las dos zonas de la Isla y proponer a la Comisaría General de Abastecimientos las soluciones que creyera oportunas para el avituallamiento urgente de las familias damnificadas.

El 15 de julio, el Consejo de Ministros, reunido en el Palacio de El Pardo bajo la presidencia del Jefe del Estado, general Franco, escuchó los informes del ministro de la Gobernación referidos a la erupción del volcán de La Palma y acordó prestar la máxima ayuda al pueblo palmero y delegó en el ministro Blas Pérez González para que dispusiera lo necesario para hacer llegar a los damnificados, lo antes posible, los medios que permitieran resolver la situación creada por la erupción volcánica.

En la conferencia que el ministro sostuvo con el delegado del Gobierno, éste le informó que había dispuesto que el buque-escuela Galatea, que se encontraba en alta mar, se dirigiera a Santa Cruz de La Palma, así como el minador Marte, que estaba de apostadero en Las Palmas, para que sus dotaciones colaboraran en lo que fuera necesario.

En este día se informó que el Cabildo Insular, que también presidía Fernando del Castillo-Olivares y Van de Walle, había concedido un primer donativo de 50.000 pesetas para atender las necesidades de los damnificados y adoptó el acuerdo de conceder otras ayudas.

El 18 de julio, el Ayuntamiento de El Paso celebró un pleno extraordinario en el que acordó por unanimidad conceder un voto de gracia a los alcaldes de Tazacorte, Pedro Gómez Acosta y de Fuencaliente, Emilio Quintana Sánchez, por sus personales y valiosas intervenciones en las evacuaciones y las atenciones prestadas a los vecinos afectados.

Acordó, asimismo, expresar el reconocimiento del municipio a Victoriano Sánchez Acosta, quien, el 24 de junio, día en que comenzó la erupción, se ofreció voluntariamente para localizar el lugar donde se abrió el primer cráter; así como un premio en metálico al guarda-jurado de la Asociación de Cazadores, Antonio González Rodríguez, por los servicios prestados, al visitar dos veces cada día la zona de los cráteres, con el fin de seguir en lo posible su evolución.

Por los micrófonos de Radio Club Tenerife, entonces la emisora más importante de Canarias, pasaron durante los días de la erupción del volcán las principales autoridades provinciales e insulares, así como algunas destacadas figuras de las ciencias y las letras, con la finalidad de informar a la audiencia de los acontecimientos del volcán. En la noche del 18 de julio, el abogado palmero Luis Cobiella Zaera, pronunció un discurso titulado “La llamada de La Palma”, que fue reproducido en la prensa local.

La noticia del volcán atraía todos los días la presencia de muchos visitantes. “Lo que sí ha ido en aumento -dice la crónica de DIARIO DE AVISOS- es la curiosidad del archipiélago, pues en los últimos correos son muchas las familias que se han desplazado a esta isla con objeto de observar el discurrir de la lava, poniendo una nota de turismo en esta Ciudad y a lo largo de la carretera del Sur”.

El periódico tinerfeño La Tarde se hizo eco de la desaparición de un vecino de Breña Alta que “fue a ver el volcán y no ha vuelto”.

“El día 11 del corriente salió de su domicilio con dirección al monte, el vecino Ismael Pérez Bravo, sin que hasta la fecha se haya vuelto a saber de él. Grupos de vecinos han recorrido los sitios por donde fue visto por última vez el mismo día, a las 12,30 de la tarde, resultando infructuosas las pesquisas realizadas para encontrarlo. Era un sujeto extravagante y sencillo, muy popular en este pueblo, pues estaba constantemente cantando y riéndose.

Todos los vecinos lo apreciaban. Salió con intenciones de traer leña, pero por el camino dijo a alguien que pensaba ir a ver el volcán, a partir de cuyo instante, como se ha dicho, no se ha vuelto a tener noticias suyas”.

Publicado en DIARIO DE AVISOS, 15 de julio de 2007

Foto: Archivo FEDAC

La lava cae sobre Las Manchas

noviembre 19, 2009

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Eran las cuatro y media de la madrugada, aproximadamente, del 8 de julio de 1949, cuando cesó de repente la columna de humo que emanaba por la boca del cráter de El Duraznero y, al mismo tiempo, en el Llano del Banco se produjo una fuerte explosión subterránea y un movimiento sísmico brusco. Poco después, una pareja de la Guardia Civil que se encontraba de servicio en la carretera general del Sur, observó que algo sucedía en la parte alta de Las Manchas, por lo que prestó especial atención, ya que habían sido advertidos por los geólogos de la inminente salida de la lava.

La versión fue ratificada por el pastor Agustín Pérez Díaz, que se hallaba con dos de sus hijos cerca de un escarpe, en una pequeña cueva próxima al Llano del Banco, conocida con el nombre de Caño del Fuego y que servía de albergue para el ganado y de refugio para los pastores. A este sitio acostumbraban a acudir las cabras, pues parece que allí la temperatura era templada y en la madrugada de aquel día algunas de ellas se encontraban guarecidas en el citado lugar.

El pastor dijo que sintió una explosión, que inicialmente atribuyó a una posible manipulación con gasolina de unos turistas ingleses que se encontraban en los alrededores, y se dirigió a buscar a sus cabras, viendo, con gran sorpresa, cómo salía una gran masa negra de piedras y, después, un torrente de fuego. Acababa de amanecer.

El Llano del Banco está situado en lo alto de Las Manchas, a unos 1.300 metros de altitud y a una distancia de unos tres kilómetros en dirección NNO del cráter de El Duraznero. En este lugar se produjo la abertura de una grieta sinuosa de un kilómetro de largo y unos cien metros de ancho, por la que primero surgió una gran cantidad de lava en forma de masa enrojecida, que inició su descenso por el barranco de las Cubas, en el que se encuentra el Salto del Aguililla, con un desnivel de más de 40 metros, lo que contribuyó a facilitar su recorrido en dirección hacia el centro de Las Manchas.

Desde el amanecer se observó en El Paso y en otros lugares de la comarca un resplandor de unos dos kilómetros de largo por unos 200 ó 300 metros de anchura, que era el reflejo del camino de la lava, que llevaba entonces unos dos kilómetros de recorrido.

A las ocho de la mañana, la imponente masa descendía por el citado barranco a una velocidad considerable, favorecida por la gran pendiente del terreno, aunque luego aminoró su marcha cuando encontró un declive menos pronunciado. A las nueve y media el frente estaba a medio kilómetro de la carretera general, situada a 610 metros de altitud, cuyo corte resultaba inminente.

Próximo a la carretera general y cuando uno de los brazos se dirigía hacia la ermita de San Nicolás de Bari, cuya destrucción se temía, sufrió repentinamente una fuerte desviación hacia el Sur, atravesando tierras de labor, pasando a unos 100 metros de la iglesia en forma de ola lenta y viscosa.

La lava corta la carretera general del Sur a su paso por Las Manchas

Corte de la carretera
A las 14,15 horas, la lava del primer brazo llegó a los bordes de la carretera general del Sur, entre los kilómetros 42 y 43, quedando la isla dividida en dos y sólo comunicable con Santa Cruz de La Palma por los senderos de la cumbre o por el mar.

Desde primera hora de la mañana, y ante la inminencia de los acontecimientos, las autoridades habían ordenado la evacuación de Todoque y Las Hoyas, así como el desmantelamiento de la ermita y la central telefónica de Las Manchas.

Con una anchura de 380 metros a su paso por la carretera, el primer brazo pareció dirigirse entonces hacia el barrio de Todoque, cuyas proximidades alcanzó a las nueve de la noche. Durante un rato los observadores dudaron si la corriente seguiría camino de Puerto Naos, apreciando más tarde que había cambiado el curso, desviándose por la ladera hacia Las Hoyas.

Los otros dos brazos, situados más al sur, se unieron poco después de cruzar la carretera formando un solo frente. A medianoche, la lava llegó a la hondonada del Hoyo de Verdugo a una velocidad considerable, quemando a su paso viñedos y frutales. Los técnicos detectaron que en la fisura del Llano del Banco había aumentado la intensidad del vertido, alcanzando una altura entre siete y ocho metros, mientras que a lo largo del cauce ígneo mantenía una altura que oscilaba entre cuatro y cinco metros y seguía ensanchando su frente.

Al día siguiente, el brazo de lava que estaba paralizado en las inmediaciones de la ermita de San Nicolás se desvió hacia el barranco de Tamanca y reinició su corriente de forma muy lenta, lo que originó dos nuevos ramales. A mediodía se desprendieron del caudal principal dos nuevos brazos que invadieron la finca de Antonio Abad, con un ancho estimado entre 200 y 300 metros, casi paralelos, cruzando una nueva zona de Hoyo del Verdugo y atravesando la carretera de Puerto Naos por Las Norias, cortándola entre los kilómetros 6 y 7, precipitándose a continuación hacia las fincas de la Montañeta de las Bermejas, para luego dirigirse al mar.

La corriente que avanzaba en dirección del pago de Cuatro Caminos, en Las Manchas de Abajo, se encontraba a un kilómetro y medio del mar y a las ocho y media de la noche atravesó la carretera de Puerto Naos en el kilómetro 7 y en dirección a Las Hoyas, siguiendo su camino por una hondonada que rellenó hasta que la desbordó y ensanchó, lo que originó nuevos destrozos en la zona y que un nuevo brazo iniciara su avance en dirección al mar.

El 10 de julio la expulsión de lava desde la fractura de Llano del Banco estaba en su apogeo. Los técnicos apreciaron una mayor actividad, con una altura estimada de nueve metros en la grieta principal de salida, de la que emergía en sucesivos borbotones, aumentando el caudal del río ardiente al abrirse una segunda grieta de emisión por su parte inferior, de la que brotaba en mayor cantidad, acompañada de fuertes ruidos y expulsión de piedras incandescentes.

El aumento de la corriente de lava originó un nuevo brazo que amenazó al caserío de Cuatro Caminos, mientras que el brazo principal alcanzaba una anchura de 1.500 metros sobre Puerto Naos, bifurcándose de nuevo, por lo que se adelantó uno de los brazos que se dirigía al mar por Las Hoyas, mientras que el otro seguía destrozando tierras de cultivos.

La corriente que se adelantó eliminó la amenaza que se cernía sobre Todoque y, después de sepultar un empaquetado de plátanos, alcanzó la orilla del mar a las siete y media de la tarde con un frente de unos 500 metros, cayendo por el acantilado en forma de cascada.

Los técnicos expresaron su temor de que, dadas las dimensiones de la Isla, algunos movimientos sísmicos pudieran haber afectado al estado del mar, produciendo un micro maremoto, posibilidad que se desmintió cuando el encargado del mareógrafo de Santa Cruz de Tenerife, informó de que no se había registrado perturbación alguna.

Durante la mañana del 11 de julio, el brazo de lava que se había acercado lentamente hasta el pago de Cuatro Caminos y que se encontraba casi parado, comenzó a moverse de nuevo, sepultando a su paso varias casas y causando importantes destrozos en los cultivos.

Una de las fincas de Hoyo de Verdugo, de unas 280 fanegadas de extensión, casi desapareció en su totalidad con la casa de sus dueños, medianeros, graneros, bodegas y lo que en ella había de valor.

En las inmediaciones de la fisura de Llano del Banco, la salida de la lava alcanzaba una velocidad superior a los 30 km/hora, que disminuía a medida que se aproximaba a la costa, aunque en buena parte de su recorrido discurría por los rápidos a una velocidad torrencial y se veían, algunas veces, enormes piedras de varias toneladas de peso que flotaban sobre la misma y unas se fundían en unos momentos y otras, al chocar con las escorias, reventaban de forma explosiva formando densas nubes de polvo.

El curso nocturno de la lava se convierte en un espectáculo impresionante

Cráter de Hoyo Negro
Sobre las 16 horas del 12 de julio, y después de que se percibieran una serie de ruidos subterráneos, apareció un nuevo cráter con tres bocas en el sitio llamado Hoyo Negro, próximo a El Duraznero, del que dista unos 300 metros, expulsando una gran cantidad de gases, piedras incandescentes y partículas sólidas hasta una altura de unos 700 metros, lo que originó nuevos incendios en el pinar.

Un día después de su aparición, el cráter había aumentado considerablemente sus dimensiones y lanzaba al aire con violencia diversos materiales, formando una densa columna de humo negro que alcanzaba una altura estimada de unos 3.000 metros. Las cenizas caían en grandes cantidades sobre El Paso y en sus montes, originando importantes daños.

Una semana después de la salida de la lava se calculaba que ésta había ganado al mar unos 400 metros. El río que discurría por Las Manchas de Abajo y otro de los brazos alcanzaron la costa en las primeras horas de la noche. El calor liberado en el contacto con el agua salada superaba un radio de una milla mar adentro. En las playas próximas la temperatura del mar había subido bastante y algunos arriesgados bañistas se atrevían a disfrutar del “agua calentita”.

El cráter de Hoyo Negro se había vuelto mucho más violento, y lanzaba enfurecido piedras incandescentes en todas las direcciones, que llegaban incluso hasta Jedey. Al atardecer era tal la cantidad de cenizas que habían caído, que los pastos para el ganado se habían inutilizado y cubrían también las fincas de plátanos. El incendio de los pinares se había extendido considerablemente y afectaba a los montes de El Paso, Los Llanos de Aridane y Mazo, provocando daños importantes.

La fisura de Llano del Banco mantenía su plena actividad, expulsando la lava como si de un surtidor se tratara, alcanzando alturas máximas de 60 metros, que discurría en estado líquido, lo que hizo temer a los observadores que pudiera desbordarse en parte de su recorrido. Pero el cauce tenía tal profundidad y las paredes se habían solidificado en altura de tal modo, que evitaban esa posibilidad.

A partir del 22 de julio comenzó a observarse que los cráteres emisores habían reducido considerablemente su actividad. Los movimientos sísmicos también tenían escasa importancia y tampoco se escuchaban ruidos subterráneos.

En la tarde del 26 de julio se comprobó que había cesado la salida de lava por la fisura de Llano del Banco. Al día siguiente también había cesado toda actividad en los diferentes cráteres del volcán, donde sólo se producían fumarolas, por lo que los técnicos creían que la erupción había llegado a su fin.

El paso de la lava causó importantes daños en los cultivos de medianías y destruyó unos veinte edificios, entre pajeros, bodegas, aljibes y casas, que eran levantados desde sus cimientos y poco después engullidos por la colada arrolladora. Se calcula que el número de familias afectadas ascendía a unas trescientas.

Sin embargo, el 30 de julio, después de cuatro días de calma aparente, se reactivó el cráter de Hoyo Negro con una densa columna de humo negro, que alcanzó gran altura. A mediodía comenzó a fluir lava líquida por el cráter de El Duraznero después de producirse una fuerte explosión, que se desbordó y corrió por el barranco de La Jurada, situado entre los pagos de Tirimaga y Tigalate (Mazo). La lava, a una velocidad vertiginosa, cortó la carretera general en el kilómetro 17, así como el camino vecinal de Hoyo de Mazo, con lo que el pago de Montes de Luna y el pueblo de Fuencaliente quedaron completamente aislados. A última hora de la tarde la lava se tornó viscosa y lenta, solidificándose a unos 300 metros antes de llegar a la costa. A medianoche, la actividad eruptiva había decrecido notablemente y poco después la erupción llegó a su final.

El espectáculo del cauce de la lava ofrecía una visión dantesca y escalofriante desde la cumbre hasta el mar, y al contemplarlo desde El Time se convertía en un inmenso río de fuego. El fenómeno discurrió cada día bajo la atenta mirada de miles de personas, de los propios habitantes de la isla, muchos de los cuales sufrieron sus efectos y de otros muchos llegados desde fuera para contemplar el extraordinario espectáculo de la Naturaleza.

Publicado en DIARIO DE AVISOS, 11 de julio de 2004

Fotos: Adalberto Benítez. Fondo FEDAC