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Juan Carlos Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El volcán Nevados de Chillán registró ayer un nuevo episodio de expulsión de gases y cenizas, en el que ha sido el más importante de los producidos en las dos últimas semanas. Se considera, por tanto, zona de alto riesgo en su situación actual, por lo que el semáforo se mantiene en la misma posición (nivel amarillo) y un área de seguridad de dos kilómetros alrededor de los cráteres activos.

El Observatorio Volcanológico de Los Andes del Sur (Ovdas) del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), mediante su informe de actividad volcánica, se refiere a ”explosiones freáticas”. Nevados de Chillán es un edificio formado por tres volcanes situados en la cordillera de los Andes, en la región del Bio-Bío chileno, próximo a la frontera con Argentina. Son numerosos los episodios eruptivos registrados desde 1861.

Desde 1861 hay constancia de erupciones en el volcán Nevados de Chillán

Foto: @twitter

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En el transcurso de un vuelo, personal técnico del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) reconoció la existencia de un nuevo cráter en el edificio  volcánico Nevados de Chillán, en los Andes de Chile. Se trata de una nueva boca de erupción, situada a unos 50 metros del cráter del volcán Arrau, se habría formado a raíz de las “sucesivas explosiones freáticas registradas durante los últimos días”.

El nuevo cráter tiene un diámetro de 25 a 30 metros y se ubica a una cota similar al formado el pasado 8 de enero, Se han identificado diversos puntos de emisión de gases, ubicados en el flanco oriental del cráter Arrau. La alerta técnica volcánica continúa en nivel amarillo, por lo que se recomienda a la población no acercarse a menos de dos kilómetros de los cráteres activos, informa el Sernageomin.

Panorámica de los cráteres de Nevados de Chillán

Foto: Sernageomin

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El aumento de actividad del volcán Popocatépetl en los últimos días ha provocado cancelación de vuelos con origen y destino en el aeropuerto de Puebla, ante la falta de visibilidad y las emanaciones eruptivas. En las últimas horas se han registrado cuatro explosiones de importancia acompañadas de la expulsión de ingentes cantidades de gases y cenizas, que los vientos dominantes han arrastrado en dirección hacia esta localidad.

En las últimas 24 horas, el volcán Popocatépetl ha registrado 39 exhalaciones de baja intensidad, cuatro explosiones de envergadura y 381 minutos de tremor, una situación que según los técnicos que siguen la actividad del coloso mejicano, refleja los cambios en el estado interno del volcán. El semáforo de alerta volcánica se encuentra en amarillo fase 2. Desde hace dos días, se viene registrando un aumento considerable en la actividad del cráter.

En las últimas 48 horas ha aumentado la actividad del coloso mejicano

Foto: @twitter

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En las últimas semanas el volcán Fuego de Colima está emitiendo frecuentes exhalaciones de gases y cenizas, con alturas que alcanzan o superan los dos mil metros, informa el Centro Coordinador Nacional de Protección Civil de México. Las columnas suelen tomar dirección noreste, favorecidas por los vientos dominantes en la zona. La mayor parte de las veces se trata de dispersión de cenizas, es decir, material fragmentado de pequeño diámetro, mientras que en otras lanza material incandescente que cae por las laderas del cráter.

A lo largo de los últimos 500 años, el volcán de Fuego de Colima ha registrado una actividad de tipo explosivo con más de treinta erupciones, entre las que destacan las de 1585, 1606, 1622, 1690, 1818, 1869, 1890, 1903 y 1913. La actividad de menor grado demuestra que en los últimos siglos el volcán ha incrementado su proceso eruptivo, y la actividad que registra justifica los estudios sobre su peligrosidad y riesgo de una nueva erupción. De tres mil volcanes que existen en México, sólo 14 de ellos se consideran activos.

El volcán Fuego de Colima emite frecuentes exhalaciones

Foto: @PCJalisco

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Después de algo más de un siglo, en concreto 110 años de calma relativa, el volcán Momotombo entró de nuevo en erupción el pasado 2 de diciembre, con una actividad de tipo explosivo lanzando al aire ingentes cantidades de gases, cenizas y material incandescente, que ha alcanzado una altura de ocho mil metros, informa el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter).

Se ha fijado una zona de seguridad de seis kilómetros en torno al coloso que se eleva a 1.297 metros de altura sobre el nivel del mar. El volcán está situado en el extremo norte del lago de Managua, a unos cincuenta kilómetros al noroeste de la capital del país. La última erupción data de 1905. Tiene un cono perfecto que el poeta nacional Rubén Darío denominó “ronco y sonoro” y en 1610 obligó al traslado de la ciudad de León.

Espectacular imagen nocturna del derrame de lava del volcán Momotombo

Foto: @twitter

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En estos días es noticia el nuevo episodio del volcán Etna, el gigante italiano, que registra una actividad considerable. Los científicos que siguen el curso de los acontecimientos han detectado una elevada señal de tremor en el cráter Vorágina, considerado “el más perezoso pero potencialmente más poderoso”, según estimaciones de Boris Behhcke, miembro del INGV de Italia, sección de Catania, que recoge Actualidad Volcánica de Canarias (AVCAN), en su página faceboook.

Sin embargo, en las últimas horas se ha producido un desplazamiento del magma, en dirección SE, en el flanco superior del nuevo cráter. Y es ahí donde se produce una intensa actividad estromboliana con emisión de impresionantes columnas de densa ceniza y gases y una explosión que ha provocado una colada de lava que ha discurrido por el valle del Bove. Al mismo tiempo, el volcán brinda imágenes espectaculares como la que acompaña, vista en facebook y de la que desconocemos el nombre de su autor.

Impresionante imagen del desafío de la fuerza telúrica del volcán Etna

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Desde el pasado 30 de octubre, el volcán Láscar ha aumentado su actividad hasta el punto de que el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) de Chile ha declarado el nivel amarillo en el semáforo de vigilancia volcánica. Una gran columna de gases y cenizas se elevó a una altura estimada de 2.500 metros y se desplazó en dirección noroeste empujada por los vientos dominantes. La señal sísmica de esta expulsión no resulta preocupante, por el momento.

El volcán Láscar, localizado en la zona de San Pedro de Atacama, región de Antofagasta, es el más activo del norte de Chile y está permanentemente vigilado. Razón por la cual y puesto que los niveles energéticos podrían escalar con rapidez, los científicos advirtieron con prontitud al Sistema de Protección Civil, por si fuera preciso tomar medidas.  Se eleva a 5.592 metros sobre el nivel del mar y se le calcula una antigüedad de unos 250.000 años. Desde el siglo XIX hay constancia de una treintena de erupciones.

Columna de gases y cenizas expulsada el 30 de octubre por el volcán Láscar

Foto: @twitter

Juan Carlos Díaz Lorenzo

A mediados de octubre de 1971 la tierra comenzó a temblar de forma intermitente en la mitad meridional de la isla de La Palma. En la madrugada del día 20, cinco días después de que se percibieran algunos temblores esporádicos, se produjo el primer movimiento sísmico de cierta intensidad, siendo especialmente percibido en los pueblos del valle de Aridane y en Fuencaliente, haciendo vibrar los cristales de las ventanas y las puertas de las casas.

A partir de entonces los temblores se sucedieron con relativa frecuencia, acompañados en ocasiones de ruidos subterráneos, sembrando el lógico temor entre los habitantes de la zona, que comprendieron rápidamente que, debajo de sus pies, en las entrañas de la Tierra, las fuerzas telúricas estaban fraguando una nueva erupción volcánica.

Así lo constata Diario de Avisos en su primera página, cuando dice que “sólo existe la lógica inquietud en los hogares palmeros y se siente el temor a la persistencia y a un siempre posible recrudecimiento en tales movimientos sísmicos que traen al recuerdo otros ya pasados, que sí dejaron profunda huella en la tierra isleña”.

Durante el 22 de octubre, la estación hidrofónica de la Universidad de Columbia (EE.UU.) ubicada en Puerto Naos –en realidad, se trataba de una estación militar controlada por la CIA para vigilar el paso de submarinos soviéticos por aguas del Atlántico–, registró en sus aparatos unos mil movimientos sísmicos, a un ritmo de cuatro por minuto, produciéndose daños en algunas viviendas, desplome de paredes y riscos…

La montaña de Las Tablas fue el mirador excepcional para ver el volcán

En la mañana del día 26 la tierra seguía temblando en el subsuelo del pueblo de Fuencaliente y las poblaciones aledañas, con movimientos de breve intensidad, apreciándose hacia mediodía una pausa sísmica que duró hasta las tres de la tarde. Unos seis minutos después (15.06 horas) se escucharon una serie de ruidos subterráneos seguidos de varias explosiones de cierta intensidad, que alarmaron especialmente a la población del municipio sureño, elevándose, poco después, una densa columna de humo negro que señaló el comienzo de la nueva erupción volcánica.

En una zona de terreno en suave pendiente, con una ligera vaguada y en el sitio conocido como Bocas del Teneguía, comenzó a abrirse la tierra en una fractura en dirección Norte-Sur de la que salía humo, piedras y materia incandescente con un marcado carácter explosivo. En aquellos momentos se encontraban en las proximidades algunos vecinos dedicados a las faenas de la vendimia, quedando lógicamente sobresaltados ante lo que estaban viendo y dando inmediatamente la voz de alarma.

Con la prontitud que entonces permitían los medios disponibles, la emisora sindical La Voz de la Isla de La Palma, Radio Nacional de España, Televisión Española y la Agencia Efe se ocuparon de difundir la noticia, que causó un fuerte impacto en la opinión pública, asociando el nombre de Fuencaliente de La Palma, una vez más, a la historia de los volcanes de Canarias.

Dos horas después del comienzo de la erupción, ya había dos bocas separadas entre sí unos cuarenta metros, por las que salían materiales incandescentes en medio de grandes ruidos, aunque por su escasa fuerza volvían a caer dentro de las fisuras, proyectando trozos hacia los alrededores y formando más tarde un pequeño río de lava.

El volcán Teneguía y el faro de Fuencaliente, que sobrevivió a la erupción

Al anochecer se habían formado cuatro bocas situadas a poca distancia, lo cual, unido a su posición en el terreno, resultaba favorable -a juicio de los técnicos que entonces ya se habían personado en Fuencaliente- para la formación del río de lava, favorecido por un desnivel pronunciado de unos 200 metros y su previsible recorrido por una zona en la que no existían población ni cultivos, aunque desde el primer momento se temió por la integridad del faro. En efecto, a medianoche se habían formado dos brazos de lava que habían iniciado el camino hacia el mar, precipitándose uno de ellos por el acantilado de la Costa, en la vertiente occidental, constituyendo un espectáculo especialmente vistoso durante la noche, mientras que el otro siguió en dirección hacia la playa del faro.

Habían transcurrido entonces poco más de veintidós años desde el final de la erupción del volcán de San Juan, cuyo recuerdo permanecía indeleble en la memoria de quienes la habían vivido. Y en tan corto espacio de tiempo había nacido un nuevo volcán al que en un principio se pensó en llamarlo El Búcaro, San Evaristo o San Estanislao, siguiendo la costumbre palmera de utilizar hagiónimos para denominar a las manifestaciones telúricas.

Al final se decidió el nombre Teneguía, debido a su proximidad al roque de su mismo nombre –un pitón fonolítico al que se le calcula una edad geológica de unos 600.000 años– y gracias al empeño de un grupo de jóvenes fuencalenteros, entre los que se encontraba Octavio Santos Cabrera, cronista del volcán desde las páginas de Diario de Avisos, así como los periodistas Domingo Acosta Pérez, Gilberto Alemán de Armas y Luis Ortega Abraham.

La lava, según los cálculos de los técnicos, brotaba a 1.100 grados de temperatura y discurría por la corriente a un promedio de 120 metros por hora a una temperatura de 850 grados. Al entrar en contacto con el mar, la temperatura del agua en la orilla superaba los 60 grados.

Testimonios
“El día que reventó el volcán estábamos vendimiando en Las Machuqueras, a unos cuatrocientos metros, más no era. Yo sentía un zumbido y miraba al cielo, pensaba en un avión, ¿pero tan alto va que no se ve? Ya me parecía mucho ruido. Dije para mí: no, esto está cerca…”. Así recuerda el agricultor Jesús Ramón Pestana Cabrera (1945), vecino de Fuencaliente, los primeros momentos de la erupción del volcán de Teneguía, ocurrida a primera hora de la tarde del 26 de octubre de 1971. Él fue, posiblemente, la primera persona en presenciar el nacimiento del nuevo volcán y su memoria, tan precisa como exacta, constituye un documento oral de primera magnitud.

“Había terminado de vendimiar -prosigue su relato- y dejé seretas y todo. En aquel momento estaba solo, cuando subo hacia arriba y me dio por mirar abajo, miro al malpaís y veo una lengua de fuego reventando allí mismo, una hilera recta ardiente. ¡¡Entonces sí cogí miedo!! ¿no iba a coger miedo? ¡¡Cogí miedo y partí a correr. Cogí por la Cuesta Cansada hacia fuera, que era por donde más derecho salía y no cogí vueltas ni nada. Dije para mí: ¡¡corre, corre para fuera, corre para Los Canarios!!”.

Jesús Ramón Pestana (1945), primer testigo del volcán

“Primero pensé que era el volcán de San Antonio reventando otra vez, no pensé que fuera otro volcán. Subí rápido y donde primero llegué fue al borde del viejo cráter para vigilar al otro desde arriba. Cuando llegué allí había más gente, como diez o doce personas. Los primeros bufidos que dio fueron a las tres en punto. Allí, donde reventó, había un ’golpe’ de higueras grande y se las zambulló en un momento. Las bocas chicas, las de aquí arriba, salieron donde estaban las higueras”.

“Como a la hora llegó la Guardia Civil y empezó a atajar gente. Por cierto, que a uno de los primeros que mandaron fue a mí para que la gente no se metiera para abajo. Cada rato que pasaba el fuego era más alto. Como a las tres horas eso levantaba cuarenta o cincuenta metros de altura y al oscurecer ya se veía desde el pueblo. Había días que levantaba del volcán de San Antonio para arriba más de 500 metros. A mí eso me impresionó mucho. Cuando era de noche cerrada y daba una explosión grande, podías leer una carta de la luz que daba. Y otra cosa que bajó rápido fue la lava, en tres o cuatro horas llegó abajo. Caminaba a más de un paso de una persona. Yo creí que la playa y el faro se lo llevaba, porque iba rumbo a ella. Total, ¿qué le faltó?”.

El relato de este fuencalentero no tiene desperdicio: “En casa no nos fuimos para ningún lado. Estábamos en plena vendimia. Nosotros, cuando eso, teníamos mucha cantidad de viña. Cogíamos más de sesenta pipas de mosto. Además, aquel era un año fuerte de uvas. Tuvimos que pedir un permiso al Ayuntamiento para poder andar con los furgones, porque había viña ahí debajo y viña por todos lados y eso estaba trancado de tanta gente que había. A los pocos días volví a vendimiar lo que quedaba al lado del volcán, sin miedo ninguno, porque ya se sabía que la lava iba para abajo. Uno miraba para allá y sabía que aquí acá no llegaba; y lo más cerca que estuve sería como a unos trescientos metros, o quizás menos. El volcán pegando bufidos y uno vendimiando (risas). Él estaba con su jaleo y yo en lo mío (risas). El día después de que reventó el volcán volví donde había estado y allí estaban las seretas y las tijeras. Estaban donde mismo las dejé. ¿Quién se metía ahí debajo? ¡Ahí nadie se metía!”.

León Bienes Hernández, alcalde de Fuencaliente (1971-1972)

León Bienes Hernández (1927-2914) era entonces el alcalde de Fuencaliente. “Los temblores de tierra –recuerda– empezaron unos diez días antes, más o menos, y como a los dos días vino a Fuencaliente el gobernador civil, Antonio del Valle Menéndez, más bien con la intención de tranquilizarnos. Fue entonces cuando se les ocurrió la idea del célebre sismógrafo con una plomada, de esas que se usan en la construcción. La plomada en cuestión, o sismógrafo rústico, si se prefiere, se colgó de la lámpara del despacho de la alcaldía. El modo de funcionamiento era bien sencillo. Si cuando se producía el temblor de tierra la plomada oscilaba de modo horizontal, no había mayor preocupación, pero si oscilaba de modo vertical, era que la erupción del volcán estaba cerca y lo teníamos debajo de los pies”.

“Por fin, llegó el día en el que la plomada osciló de modo vertical. ¡Ay, mamá! De inmediato llamamos por teléfono al delegado del Gobierno, que era entonces Francisco Laína, y nos dijo que estuviéramos pendientes de cualquier humo o fuego y que buscáramos por la parte alta del municipio. Pero no aparecía nada. Yo bajé ese día a La Costa y de regreso a Las Indias, sobre las tres de la tarde, advertí una densa humareda por debajo del volcán de San Antonio. Y me dije: ¡ya reventó el volcán! No sabe la alegría que me llevé, porque, la verdad, estábamos muy preocupados con la posibilidad de que la erupción se produjera por encima del pueblo, en cualquier otro lugar de la Cumbre. Pero hasta en eso estuvo bien, vaya, porque donde reventó era un llano de malpaís, terreno de cultivo de poco interés”.

Acontecimiento extraordinario

Durante el tiempo que duró la erupción, miles de personas presenciaron la actividad del volcán. Hubo días que visitaron Fuencaliente unas quince mil personas, pese a las dificultades que surgieron para viajar a la isla, pues tanto Trasmediterránea como Iberia mantuvieron, inexplicablemente, la programación habitual. Sin embargo, sería la compañía aérea Spantax la que contribuyó a facilitar el traslado gracias a sus vuelos chárter, sobrevolando la zona del volcán para especial deleite de los afortunados pasajeros. Desde el puerto palmero se organizaron varios viajes en los barcos de cabotaje, entre ellos el histórico Sancho II.

Se multiplicaron los programas informativos y las imágenes del volcán, asociadas a Fuencaliente, dieron la vuelta al mundo. Expertos geólogos, vulcanólogos y geógrafos -entre ellos José María Fuster, Telesforo Bravo, Alfredo Hernández Pacheco, Alfredo Aparicio Yagüe, Leoncio Afonso Pérez y su hijo Antonio, también geógrafo; Domingo Pliego Dóniz, Víctor Higes Rolando, Eduardo Martínez de Pisón y un joven Juan Carlos Carracedo- y algunos extranjeros, como el profesor Chalgneau, miembro del Laboratorio de gases del Centro Nacional de Investigaciones de Francia, estudiaron el fenómeno con detalle y llevaron un mensaje de paz y tranquilidad a los habitantes de Fuencaliente.

Llegada de la lava al mar por el flanco occidental de La Palma

La Guardia Civil instaló un puesto de control en Puente Roto (Villa de Mazo), ejerciendo un estricto control franqueando el paso de vehículos y personas, siendo necesario establecer un sentido único para el tráfico rodado. Al llegar a Fuencaliente, los visitantes se encontraron con una extraordinaria animación, que se hacía más intensa en los bares situados a lo largo de la carretera general, sobre todo en el Bar Parada, convertido en el cuartel general de los periodistas, mientras que las autoridades tomaron posesión del Ayuntamiento.

El gobernador civil, Antonio del Valle Menéndez, manifestó que mantenía contacto telefónico frecuente con el ministro de la Gobernación, Tomás Garicano Goñi y que tanto el Jefe del Estado, general Franco, como el Príncipe Juan Carlos de Borbón, estaban informados de la evolución del acontecimiento y transmitían un mensaje de preocupación y afecto al pueblo fuencalentero en particular y al palmero en general.

La erupción fue un acontecimiento extraordinario

El 6 de noviembre se produjo uno de los fenómenos más destacados de la erupción, al derrumbarse la gran masa de escorias y lavas acumuladas en torno al primer foco, originando una avalancha que se extendió rápidamente por la costa suroccidental de la Isla. Este cambio motivó, además, un espacio libre para las coladas lávicas, al tiempo que se produjo una notable actividad de fumarolas, formadas por una elevada proporción de óxido de carbono y otros gases tóxicos, actividad que se incrementó de modo considerable el día 7, lo mismo que en los cráteres.

A partir del 16 de noviembre comenzó un período de descenso de la actividad del volcán. La relativa tranquilidad se intercaló con un comportamiento mixto, proyectando materiales piroclásticos y emitiendo abundantes volúmenes de magma fluido.

La erupción tuvo un período activo de 24 días, pues la plena actividad cesó el 18 de noviembre siguiente. Se calcula que el volcán arrojó a la superficie unos 40 millones de metros cúbicos de magmas. Las lavas ocuparon una superficie de 2.135.000 metros cuadrados, de los cuales unos 290.000 metros cuadrados fueron ganados al mar.

Bibliografía:

Díaz Lorenzo, Juan Carlos. Memoria del volcán Teneguía. Publicado el 29 de octubre de 2006 en “Diario de Avisos”. Santa Cruz de Tenerife.

Díaz Lorenzo, Juan Carlos (2008). Los volcanes de La Palma, una aproximación histórica. Santa Cruz de Tenerife

Fotos: Archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El Gobierno de Ecuador mantiene el estado de excepción, decretado el pasado 15 de agosto, en relación al proceso eruptivo del volcán Cotopaxi. En su último informe especial, el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional considera un escenario probable una pequeña erupción, con explosiones, salida de magma a la superficie del cráter y la presencia de incandescencia. El documento detalla que esa actividad puede parecerse a una erupción del volcán Tungurahua registrada en marzo de 2013.

El Instituto Geofísico considera “imposible pensar” que el volcán entre en una fase de aparente tranquilidad. La población cercana, amenazada por lahares o emisiones de ceniza, debe estar en alerta y pendiente de los planes de contingencia. La información sobre la actividad del volcán es importante y los técnicos del Instituto Geofísico tienen libertad para explicar directamente lo que suceda en relación con el volcán Cotopaxi, después de que haya finalizado la censura previa.

El volcán Cotopaxi sigue activo y es previsible una próxima erupción menor

Foto: Instituto Geofísico de Ecuador